Liber Gomorrhianus

6 Noviembre, 2014 – Espiritualidad digital

Corazones pequeños, amores pequeños

corazones   El símil de la oveja perdida sólo puede entenderse en clave pasional. Hablo de pasiones grandes, cuya magnitud sobrepasa los límites de la prudencia humana. Si se piensa con calma, abandonar noventa y nueve ovejas para recuperar una es una insensatez. Pero, por la euforia del pastor –¡Felicitadme!– sabemos que no estaba precisamente calmado. Era presa de una pasión incontenible.

   Poco sabemos de esto. Nos hemos protegido en ambientes pequeños y herméticos: el hogar, el centro de la trabajo, la parroquia, el grupo de amigos, y nuestro «dios» de plastilina, al que rezamos con piedad de caramelo. Allí vivimos de amores pequeños, dolores pequeños, y alegrías pequeñas que se nos hacen grandes. Se nos ha empequeñecido el corazón. El vecino de al lado nos queda a años luz.

   Pensar en romper nuestras rutinas para acercarnos a ese vecino o a un compañero de trabajo, enloquecidos de dolor porque su alma se pierde para siempre, nos parece locura. Y lo es: son amores grandes, alegrías grandes, dolores grandes, pasiones grandes… No está a la altura de nuestros corazones jibarizados por la vida burguesa. Aquel pastor vivía al aire, donde suceden las batallas. No residía cómodamente con su familia en un chalet.

(TOP31J)

“Guía