Evangelio 2018

2 noviembre, 2014 – Espiritualidad digital

Nuestra muerte tiene apellido

morir   El miedo ante la muerte no es malo. Al contrario: quien no tiene miedo a morir puede convertirse en temerario capaz de las mayores insensateces. El propio Verbo encarnado, ante la perspectiva de la muerte, tiritó en Getsemaní. Sin embargo, también fue Él quien dijo: Que no tiemble vuestro corazón; creed en Dios y creed también en mí.

   Para un alma que ama a Cristo, tras la muerte, y en la misma muerte, está Él. Nuestra muerte no es muerte, a secas. Tiene apellido: morimos la muerte de Cristo.

   Por este motivo, aún sintiendo miedo, nos acercamos a ella con esperanza, y esperanzados quedamos cuando un ser querido muere en el Señor. Puedo entender que, para quien no cree en Dios, la muerte sea la guadaña que troncha todos los sueños y tala de raíz todas las ilusiones. Pero, para quien ama a Cristo, la muerte es misteriosa comunión, sereno viaje y tránsito definitivo hacia el Hogar que nos espera en el Cielo.

   Con todo, seguimos teniendo miedo a la muerte, que no hemos sido creados para morir, sino para vivir. Pero no temblamos; creemos y esperamos. Mayor que el miedo a morir es el deseo del Cielo. Somos peregrinos.

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“Guía