Evangelio 2018

27 octubre, 2014 – Espiritualidad digital

Arañando la tierra con los ojos

encorvada, sin poderse enderezar   Aquella mujer era, ante los ojos de Cristo, la imagen viva de la Humanidad pecadora: encorvada, sin poderse enderezar. Así andaba el Género Humano: vuelto hacia la tierra, arañando con los ojos el suelo, sin poderse enderezar para mirar a lo alto.

   ¿Acaso no conoces a muchos que, como aquella mujer, sólo tienen ojos para las cosas de esta vida? Toda su mirada se centra en sus problemas, su deseos terrenos, sus dolores y alegrías mundanas. Les hablas de Dios, y es como si te refirieses la existencia de vida en Plutón. No entienden… No pueden enderezarse. Viven sin Cielo, sin trascendencia, ajenos a su propia alma.

   Al verla Jesús, la llamó y le dijo: – «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». El Hijo de Dios se encarnó para que personas como esta mujer, encorvadas de por vida, pudieran ver a su Creador. Ya que ellos no podían enderezarse, se agachó Dios, se hizo carne, y se puso al alcance de sus ojos.

   No lo olvides: lo primero no es hablar del Cielo a quien vive para la Tierra. Lo primero es que, en ti, a quien pueden ver, esas personas comprueben que el Cielo existe y que Dios las llama.

(TOP30L)

“Guía