“Evangelio

11 Octubre, 2014 – Espiritualidad digital

¡Oh, dicha misteriosa y sufriente!

Dichoso el vientre que te llevó   «¡Qué suerte tiene tu madre, hijo!». Es lo que parece querer decir esa mujer que, al paso de Jesús, alza la voz: Dichoso el vientre que te llevó y los pechos que te criaron. Hay una secreta –y, quizás, santa– envidia tras estas palabras. Nadie podrá negar que Jesús es el hijo que toda madre hubiera deseado.

   Con todo, el requiebro lanzado al aire lleva en sus alas una verdad incontestable: ¡Qué dicha, para María, dar a luz y amamantar al Hijo de Dios! ¡Qué dicha verlo crecer! ¡Qué dicha tenerlo en su casa durante treinta años! ¡Qué dicha conversar a solas con Él de lo divino y de lo humano!

   Lo que no sabía esta mujer era que ese mismo vientre y esos mismos pechos tendrían que acoger al Hijo muerto, infamado y ultrajado poco tiempo después. Si lo hubiera sabido, en lugar de gritar como gritó, quizá hubiera susurrado: «¡Pobre mujer! ¡Lo que le espera!»…

   … Y se hubiera equivocado. Porque nunca fue más «rica» la Virgen que cuando tuvo, entre sus brazos, el Cuerpo eucarístico, la Víctima recién ofrecida, el Dios muerto entregado por los hombres. La misma Hostia que los sacerdotes elevamos al Cielo cada día.

(TOP27S)

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