“Evangelio

Octubre 2014 – Espiritualidad digital

Estado de alerta

estado de alerta   Nos resultan extrañas las palabras del Señor: Si a uno de vosotros se le cae al pozo el hijo o el buey, ¿no lo saca en seguida, aunque sea sábado? Me refiero a esa equiparación entre el hijo y el buey. Quizá hubiera que sustituir «buey» por «perro». Hay personas que profesan a sus perros afectos dignos de los hijos.

   En todo caso, si a una persona se le cae el hijo al pozo, lo último que mira es el calendario. Inmediatamente entra en estado de alerta, y se lanza al pozo con todo lo que tiene. Hay acontecimientos que sacan a uno de sí mismo y lo precipitan a la acción.

   «Muchos van al Infierno, porque no tienen quien rece por ellos». Bastó esta advertencia de la Virgen, en Fátima, para que tres niños se pusieran en estado de alerta y comenzasen a ofrecer penitencias por los pecadores, sin reparar en lo arduas que pudieran ser. Sabían lo que estaba en juego.

   Hoy día, muchos tienen viviendo junto a su casa, o trabajando junto a su despacho, o compartiendo familia y techo con ellos a pecadores que están precipitándose al Infierno, y no se inmutan. Salvo por Excalibur, claro.

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Sólo entrará si le abres

libertad   ¿Qué hace el Señor cuando un hombre lo echa de su vida, cuando dice «no quiero», o grita «¡déjame en paz!»?

   Es tan sobrecogedor como cierto: cuando un hombre arroja fuera de su vida a Cristo, Cristo se marcha. No insiste, no trata de quedarse con argucias, no hace violencia para no salir. Tan respetuoso es Dios con la libertad humana, que cuando un hombre le dice «¡Vete!» se va sin responder. Puede que se quede sentado a la puerta, por si acaso un día ese hombre decide abrirla. Si ese día llega, quien echó violentamente a Jesús de su vida lo encontrará esperando, amante como siempre. Pero, si no abre, no entrará.

   Con el Demonio sucede lo contrario, porque el Maligno no aprecia la libertad, sino la esclavitud. Cuando un hombre dice «no» a la tentación, el Demonio insiste. Si no le abres la puerta, tratará de entrar por la ventana. Y, si no abres la ventana, querrá abrir un boquete en la pared. Por eso debes estar siempre en guardia, recogido en oración, si quieres evitar que entre.

   ¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían!

   Abre el corazón a Dios.

(TOP30J)

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Los que quieren y no pueden

puerta estrecha   Cuando dice Jesús, respecto del Cielo, que muchos intentarán entrar y no podrán, debemos entender sus palabras en relación con la advertencia anterior: Esforzaos en entrar por la puerta estrecha.

   El Cielo sólo tiene una puerta que lo comunique con la Tierra, esa puerta es sumamente estrecha, y es la Cruz. Pasar a través de ella requiere del hombre un esfuerzo de «adelgazamiento» espiritual, que lo lleve a despojarse –o a dejarse despojar– de todo lo que le impide cruzarla. Estamos hablando de todo aquello de lo que fue despojado el propio Cristo: riquezas, fama, honor, amigos, salud, y hasta de la propia vida. Sólo quienes atraviesan la décima estación del Via Crucis («Jesús despojado de sus vestiduras») podrán después pasar a través de la puerta estrecha.

   Los muchos que intentarán entrar y no podrán son todos aquéllos que quieren llegar al Cielo por el camino del buen burgués: oración sin sacrificio, piedad sin apostolado, mística sin obediencia, consuelo (el del Tabor) sin angustia (la del Calvario)… En una palabra: quienes creen que son más listos que los demás porque han encontrado el modo de no privarse de nada en la Tierra y tenerlo todo también después en el Cielo.

(TOP30X)

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Noches de oración

CapillaAEPSanIgnacio   Providencialmente, y sin saber el bien que me procuraba, alguien me hizo llegar, el otro día, unas palabras de Isaac el Sirio, un monje del siglo VII: «La oración hecha durante la noche tiene un gran poder, mayor que la que se hace durante el día. Es por eso que todos los santos han tenido la costumbre de orar de noche, combatiendo el amodorramiento del cuerpo y la dulzura del sueño, sobreponiéndose a su naturaleza corporal. El mismo Satanás nada teme tanto como la oración que se hace durante las vigilias. Aunque estén acompañadas de distracciones, no dejan de dar fruto, a no ser que se pida lo que no es conveniente».

   Pasó la noche orando a Dios… Hay quienes pasan la noche en vela para beber; otros lo hacen para trabajar; otros porque se enredan en interminables conversaciones; y otros, simplemente, porque no logran conciliar el sueño. ¿No va un cristiano, inflamado en santos deseos, a robar tiempo al descanso nocturno para obtener los favores de Dios?

   Quienes me leéis sois seglares, y no monjes. No os quiere Dios en vela todas las noches. Pero no es malo que preguntéis si en vuestra parroquia hay movimientos de adoración nocturna.

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Arañando la tierra con los ojos

encorvada, sin poderse enderezar   Aquella mujer era, ante los ojos de Cristo, la imagen viva de la Humanidad pecadora: encorvada, sin poderse enderezar. Así andaba el Género Humano: vuelto hacia la tierra, arañando con los ojos el suelo, sin poderse enderezar para mirar a lo alto.

   ¿Acaso no conoces a muchos que, como aquella mujer, sólo tienen ojos para las cosas de esta vida? Toda su mirada se centra en sus problemas, su deseos terrenos, sus dolores y alegrías mundanas. Les hablas de Dios, y es como si te refirieses la existencia de vida en Plutón. No entienden… No pueden enderezarse. Viven sin Cielo, sin trascendencia, ajenos a su propia alma.

   Al verla Jesús, la llamó y le dijo: – «Mujer, quedas libre de tu enfermedad». El Hijo de Dios se encarnó para que personas como esta mujer, encorvadas de por vida, pudieran ver a su Creador. Ya que ellos no podían enderezarse, se agachó Dios, se hizo carne, y se puso al alcance de sus ojos.

   No lo olvides: lo primero no es hablar del Cielo a quien vive para la Tierra. Lo primero es que, en ti, a quien pueden ver, esas personas comprueben que el Cielo existe y que Dios las llama.

(TOP30L)

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Grandes amores, corazones grandes

Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser   Le preguntan a Jesús: Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la Ley? Y Jesús responde: Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con todo tu ser.

   ¿Y cómo se ama a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todo el ser? La respuesta a esta pregunta pondrá a prueba tu vida entera, y te moverá a conversión.

   Hay quien vive de amores pequeños, porque su corazón es pequeño. A esos amores corresponden alegrías pequeñas y sufrimientos mezquinos y egoístas. Muchos pasan la vida caminando entre mezquindades. Cuando están ante la grandeza, se espantan o se aburren.

   Para amar a Dios es preciso llevar el corazón a su punto de fusión, y dilatarlo hasta hacerlo capaz de amores grandes. No sirven las distancias «prudentes». Hay que rebasar la línea de la locura y alcanzar el cuerpo a cuerpo: pegar el corazón a Cristo en la Eucaristía, en la oración, en las mil jaculatorias diarias…

   Entonces toma el Señor el corazón humano, lo aprieta como si lo exprimiese, lo levanta y lo besa con un beso de muerte y de vida. Grandes dolores, grandes gozos, grandes amores… Gran gloria en el Cielo.

(TOA30)

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La Trinidad y la higuera

parábola de la higuera   Si una parábola es un relato que requiere una traducción poética para ser trasladado a la realidad, puede que la parábola de la higuera sea la más fácil de traducir. Basta con representarla en vertical.

   Me explico: el dueño de la higuera y el labrador están en planos verticales distintos. Se trata del Padre, que envió a su Hijo, y el Hijo, enviado al mundo. Dice el Padre al Hijo: Tres años llevo viniendo a buscar fruto en esta higuera y no lo encuentro. Córtala. Es decir: «No obtengo frutos de santidad de los hombres. Merecen ser condenados». Es el mismo pensamiento divino que inició el Diluvio universal.

   Entonces el Hijo levanta la cabeza hacia su Padre, extiende los brazos en la Cruz invocando su clemencia, y grita: Señor, déjala todavía este año; yo cavaré alrededor y le echaré estiércol, a ver si da fruto. En ese momento, derrama sobre la tierra su sangre y su Espíritu… Alguno dirá: «¿Estiércol?». Sí. Como estiércol fue Cristo sometido a maldición y arrojado al estercolero del Calvario. No te asustes. Lo que es estiércol para los hombres es gloria para Dios, y viceversa.

   Si no, la cortas. Sucederá cuando Él vuelva a juzgar.

(TOP29S)

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Unos llegan a rastras, y otros llegan caminando

muerte   Por desgracia, he visto a gente así. Personas que llegan a la muerte arrastrados, abrazándose las piedras y los árboles del camino para intentar no cruzar esa línea tras la cual todo queda atrás. ¿Pensaban en el Juicio? ¿Temían al Juez? No lo sé; no me lo dijeron. Pero las palabras de Jesús parecen escritas para ellos: No sea que te arrastre ante el juez, y el juez te entregue al guardia. No se puede decir mejor.

   Otros he visto, sin embargo, que llegan a la muerte cansados, muy cansados, pero llenos de esperanza. Parecen caminantes que, tras un largo ascenso, alcanzan por fin la cima del monte y llegan a casa. Porque su casa no estaba en los lagos de los valles, sino en las fuentes que manan en lo alto del monte. Han pasado la vida subiendo, cayendo muchas veces y levantándose otras tantas, hasta que, por fin, el camino que siguieron besó las puertas del hogar. Parecen escritas para ellos las palabras de Jesús: Haz lo posible por llegar a un acuerdo con él, mientras vais todavía de camino.

   Ya ves: unos llegan a la muerte a rastras, y otros caminando. Todo depende de cómo se viva.

(TOP29V)

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La santa angustia del Corazón de Cristo

angustia   No sé en qué piensan quienes creen que la religión aportará calma y sosiego a sus ajetreadas vidas. Buscan en la fe un sucedáneo gratuito del zen o del yoga, y convierten la piedad en pasatiempo para burgueses desocupados en busca de equilibrio espiritual. Luego, si el sacerdote dice algo que los inquieta, se quejan: «¡Me quita usted la paz!». Algún día, el sacerdote les responderá: «¡No sabe cuánto me alegro!».

   Tengo que pasar por un bautismo, ¡y qué angustia hasta que se cumpla! Nuestro Señor Jesucristo recorrió los treinta y tres años de su vida con la angustia en el pecho. Esa angustia crecía conforme se acercaba al Calvario, y le hizo estallar las venas en Getsemaní. Era el resultado natural de la confrontación, en su persona, de la luz con las tinieblas, la vida con la muerte, la santidad con el pecado. En la Cruz, esa confrontación llegó a un dramático «cuerpo a cuerpo» en el que la Vida abrazó la muerte y la estranguló. Sólo después de su resurrección se mostró Cristo sereno, libre ya de su angustia.

   Apréndelo: la fe no hará que dejes de sufrir. Te hará sufrir –y mucho– por lo que realmente importa.

(TOP29J)

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Sobre la brevedad de la vida

ob_52be49_pieta-ma   Mucha gente piensa que la vida es larga, y se equivoca. La vida es muy breve. Puede que, en ocasiones, la vida se haga larga, pero la realidad es que es brevísima.

   Creyendo, equivocadamente, que la vida es larga, se permiten muchos la osadía de no pensar en la muerte. Viven como si siempre fuera pronto para pensar en que han de morir. La mera posibilidad de tener que rendir cuentas ante Dios les es completamente ajena.

   Algunos de ellos, cuando son despertados del sueño por el diagnóstico de una enfermedad grave, recuerdan que de niños creyeron en Dios y buscan al sacerdote. Pero los últimos de esa generación se nos están muriendo ya. Por desgracia, una buena parte de quienes viven como si no fueran a morir terminan afrontando la muerte, cuando no les queda otro remedio, con pagana resignación.

   Pero si el empleado piensa: “Mi amo tarda en llegar”, y empieza a pegarles a los mozos y a las muchachas, llegará el amo de ese criado el día y a la hora que menos lo espera y lo despedirá.

   Quien no quiera ser santo, que busque al menos ser sabio. Quizá, por la sabiduría, llegue a la santidad.

(TOP29X)

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