Liber Gomorrhianus

22 Septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

El candil asfixiado

candil   ¿Qué sucede si encendemos un candil y, acto seguido, lo tapamos con una vasija? No me lo digáis, dejadme que piense… Se apaga el candil, ¿verdad? Porque la vasija impide que pase el aire. Y, al no entrar aire, no queda nada que quemar. Y, al no haber nada que quemar, el fuego se apaga. Por eso dice el Señor que nadie enciende un candil y lo tapa con una vasija.

   ¿Qué sucede si, después de haber recibido en el santo bautismo la llama sagrada de la fe, la tapas con respetos humanos –te da vergüenza que sepan que amas a Dios– o con tibieza –¡A buenas horas te vas a entrometer en la vida de los demás!­–? Sucede que tu fe, tarde o temprano, se apaga. Porque los respetos humanos y la tibieza impiden que quienes no creen puedan acercarse a la llama de tu fe. Y, al no dejarlos entrar, tu fuego no tiene nadie a quien quemar, por mucho que pienses que a ti te calienta. Finalmente, al no poder extenderse, tu fe se apaga.

   Recuérdalo siempre: no te ha dado Dios la fe para que vivas calentito. Te la dio para que provoques un incendio.

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