Evangelio 2018

18 septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

A beso limpio

beso   La gente busca los caminos más complicados para lograr las cosas sencillas. La santidad es sencilla. No digo que sea fácil, digo que es sencilla. ¿Por qué los hombres la buscan en escenarios extraños, excepcionales y enrevesados? Hay quien vive ansiando un martirio que no sabe si llegará, pero, entre tanto, se resiste a fregar los platos de la cena. Hay quien vive pendiente de milagros, apariciones, exorcismos y convulsiones. Hay quien aprieta los dientes, convencido de que ser santo consiste en fastidiarse a todas horas…

   Mira, no te compliques, que se te pone cara de tonto. Ser santo es amar a Dios. A la hija pequeña de un amigo mío, cuando tenía dos años, le decías: «¡Quiéreme!», y se te echaba encima cubriéndote de besos… ¿Ves lo fácil que es? Te propongo una cosa: la santificación «a beso limpio». Besa el crucifijo, besa el rosario, besa la estampa de la Virgen, Si eres sacerdote, besa el altar, besa la pila bautismal, besa la patena y el cáliz. Necesariamente, acabarás enamorado.

   Tú no me besaste, le reprocha Jesús al fariseo. Y a muchos que hacen muchas cosas raras, pero que entienden muy poco de amor y de sencillez.

   Anda… ¡Quiérele!

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