Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

17 Septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

Flautas y lamentos

sufrimiento   Anteayer celebrábamos la fiesta de la Virgen de los Dolores, y ayer, ante la compasión de Jesús, decíamos «da gusto sufrir». ¿Acaso nos gusta el dolor?

   No. El dolor, como la muerte, por ser consecuencias directas del pecado, son odiosos. La naturaleza humana odia el sufrimiento, y –podría decirse así– Dios, que nos creó para la vida y para la dicha, lo odia también.

   ¿Entonces?

   Entonces está Cristo. En Él, Dios se hace carne y, lleno de Amor al hombre, abraza en su cuerpo el sufrimiento de toda la Humanidad para expiar nuestras culpas. Desde entonces, el cristiano ya no sufre solo. Esa cercanía amorosa de Cristo con el hombre sufriente es la que celebrábamos en María, y la que vuelve dulce el dolor.

   Sin embargo… Tocamos la flauta y no bailáis, cantamos lamentaciones y no lloráis. En ocasiones, ríe Cristo porque el plan de Dios se cumple, y el hombre, apenado porque las cosas no salen a su gusto, llora lágrimas egoístas; llora Cristo porque Dios es ofendido, y el hombre ríe los pecados del malvado y toma parte en ellos. Entonces es tan triste sufrir como reír, porque, en risa y llanto, el hombre se ha quedado solo.

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