Evangelio 2018

10 septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

Desconsolados en busca de consuelo

cruz   Las bienaventuranzas tienen, como punto de partida, una desventura inicial. Ese «suelo» sobre el que se levantan queda a la vista, en la versión de Lucas, en el primero de los «ayes»: ¡Ay de vosotros, los ricos!, porque ya tenéis vuestro consuelo. El ya tenéis vuestro consuelo muestra cómo el hombre, debido al pecado original, nace en estado de desdicha. Nacemos pobres, hambrientos, llorando y perseguidos por el Demonio.

   Muchos –convencidos de que no tendrán otra oportunidad– emplean esta vida en amortiguar la soledad y la tristeza, y se sirven para ello de los bienes materiales, del afecto de las criaturas y los goces de la carne. Triste consuelo; el dolor y la muerte los alcanzan de todas formas.

   Jesús muestra un camino distinto. Esta vida no es la única oportunidad para consolarse; existe un consuelo mayor, la «bienaventuranza» eterna. Tendido en la Cruz, a través de las tristezas y soledades de esta vida se hace Jesús camino hacia el Cielo. No es preciso, para el cristiano, desesperarse buscando un consuelo inútil. En sus mismas llagas, en las que ya mora Cristo, abrazadas con amor, está el camino del reino. Dichosos los pobres, porque vuestro es el reino de Dios.

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