Liber Gomorrhianus

9 septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

Oración y descanso

descanso   Si queremos entender lo que nos relata san Lucas al decirnos que Jesús subió a la montaña a orar, y pasó la noche orando a Dios, tendremos que conocer, primero, el significado que la oración tenía para Cristo.

   Jesús durmió poco durante su vida pública, y lo poco que durmió lo durmió mal; la escena en la que es vencido por el sueño en la barca durante la tempestad lo atestigua. Muchas noches las pasó al raso, y otras veces, como en Cafarnaúm, cuando dormía bajo techo se levantaba temprano para orar. Tampoco las comidas, por lo general, debieron ser de dos platos. Todo parece indicar que, durante aquellos tres años, Jesús pasó necesidad.

   Pero había necesidades que estaba dispuesto a sacrificar, y otras que no. Del trato íntimo y amoroso con su Padre no quiso prescindir el Señor jamás. Y cuando, tras haber pasado el día entre multitudes, le alcanzaba el atardecer sin haber podido estar a solas con su Abbá, prefería prescindir del descanso del cuerpo que privarse del reposo del alma.

   Deberíamos aprender. Sobre todo cuando, alegando que estamos muy cansados, al llegar la noche decidimos que Dios nos comprenderá si ese día no hemos podido rezar.

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