Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

8 Septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

En la natividad de María

natividad de María   «Fructus ventris generosi» (fruto del vientre generoso), llamamos, en el himno «Pange, Lingua», al Cuerpo del Salvador. Tan generosas fueron las purísimas entrañas de María, que de ellas tomó Cristo toda su humanidad. No hubo, en su concepción, intervención de varón; toda su carne y su herencia genética fueron de María. Físicamente, Madre e Hijo tuvieron que ser muy parecidos. Si las palabras con que encabezo estas líneas pertenecen a un himno eucarístico es porque la Iglesia no olvida que la Eucaristía es, de algún modo, también cuerpo de la santísima Virgen; el mismo cuerpo que nació de su carne.

   Jacob engendró a José, el esposo de María, de la cual nació Jesús. La natividad de María, que celebramos hoy, supone la vuelta del Paraíso Terrenal a la Historia de los hombres. Por vez primera, tras la culpa original, aparecía, en el barro de la carne humana, una parcela no manchada por el pecado, donde sólo Dios habitaría. Y de ese barro, como en un principio, formaría Dios al primer Hombre de la nueva Humanidad.

   Si de la carne de María nació Jesús, del Espíritu que la fecundó hemos nacido nosotros. Hay muchos motivos para felicitar a la Virgen hoy.

(0809)