Liber Gomorrhianus

3 Septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

El hombre que estaba de paso

camino    Al caminante se le ofrecen muchas oportunidades, a lo largo del camino, para detenerse y cancelar sus planes. «¿Por qué te cansas? –parecen decirle las criaturas­–. Quédate aquí. Toma lo que te ofrezco, eso es seguro. Lo que hay al final del camino no sabes si lo alcanzarás. Y, si no lo alcanzas, habrás perdido lo que hoy te ofrezco y lo que tú persigues. Planta aquí tu tienda, y edifica aquí tu hogar». Así se han quedado muchos: se detuvieron para beber agua de una fuente, y no siguieron caminando. La fuente se secó… Y ellos murieron a mitad de camino. No existe muerte más triste.

    La gente lo andaba buscando; dieron con él e intentaban retenerlo para que no se les fuese. También a Jesús lo tentaron las criaturas. Le ofrecieron fama y cariño. Incluso quisieron nombrarlo rey.

    También a los otros pueblos tengo que anunciarles el reino de Dios. Jesús siguió camino. Meses después, esas mismas personas le llamarían loco y lo abandonarían, tras escuchar el discurso del pan de vida. Pero, para entonces, Jesús ya había avanzado mucho y estaba muy cerca de Casa. Hay lugares por los que es obligado estar sólo de paso.

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