“Evangelio

1 Septiembre, 2014 – Espiritualidad digital

Despertando bestias dormidas

bestias    No podemos controlar la furia ajena. Menos aún, la de los demonios. Y callar la Buena Noticia para no desatar temporales es cobardía y pecado de omisión. Cosa distinta es que evitemos provocaciones innecesarias. Pero la verdad, dicha con cariño, no busca herir, sino sanar. Como, al contacto con el pecado, la verdad escuece, algunos se revuelven, y les sirve para muerte lo que debería darles vida. La culpa, en estos casos, es de quien no quiere curarse.

    Al oír esto, todos en la sinagoga se pusieron furiosos y, levantándose, lo empujaron fuera del pueblo hasta un barranco del monte donde se alzaba su pueblo, con intención de despeñarlo. Si Jesús no les hubiese hablado, no se habría despertado su furia. Pero tampoco habrían recibido el anuncio capaz de salvarlos. Hubieran seguido muertos. Si, una vez proclamado, el anuncio les sirvió para despeñarse aún más, la culpa, desde luego, no fue de Cristo.

    Lo repetiré: debemos evitar provocaciones innecesarias. Pero es preciso despertar conciencias aletargadas, y callar ante ellas es pecado. Si eso supone despertar bestias dormidas, sólo le pido a Dios que, cuando se vuelvan contra nosotros para despedazarnos, seamos mansos, humildes… Y –por qué no– un poco astutos.

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