Liber Gomorrhianus

28 agosto, 2014 – Espiritualidad digital

El sabio Domingo Savio

Domingo Savio    Cuando al pequeño Domingo Savio, mientras jugaba al billar en el colegio con sus compañeros, le preguntaron qué haría si supiera que iba a morir en los próximos minutos, respondió: «Seguiría jugando al billar». Es la respuesta de quien sabe que está haciendo, en ese momento, lo que debe hacer, y tiene la conciencia limpia.

    A la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. El mejor modo de prepararse para la muerte consiste, simplemente, en no prepararse, sino estar preparado. Ante la pregunta que le hicieron al santo, una respuesta del tipo «iría corriendo a confesar y me pondría a bien con mis enemigos» es propia de quien no vive en presencia de Dios. El santo vive con la serenidad de quien está, en todo momento, confesado y reconciliado con sus enemigos.

    Y es que la muerte no debería ser, en sentido estricto, un encuentro con Dios. Eso supondría que estamos viviendo lejos de Él, y que al morir nos lo encontramos como se encuentra uno a un familiar que viene de visita. La vida santa es diálogo permanente e ininterrumpido con Dios. Y, en una vida así, la muerte, más que un encuentro, es el abrazo definitivo.

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