Liber Gomorrhianus

22 Agosto, 2014 – Espiritualidad digital

Consorte

consorte    Se llamó a sí misma «esclava»: Aquí está la esclava del Señor. Y se refería a una esclavitud que no debería ser abolida jamás: la de quien se entrega a Dios dulcemente, movida sólo de amor.

    El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces el Señor vino a Ella como rey, y a la esclava la volvió consorte, como hiciera Asuero con Ester. Y, al igual que Ester, María vino a ser reina, pero de un mayor reinado, porque su Esposo es rey de Cielo y Tierra.

    Le toca al consorte compartir la suerte de aquél a quien está unido. Y comparte María la suerte de Cristo Rey. Por eso reina ahora en silencio, infiltrando en los corazones de los cristianos los sentimientos de su Hijo, que Ella guarda en su inmaculado Corazón. Es mediadora de gracias, e intercesora de súplicas.

    Cuando llegue el día, y Cristo vuelva sobre las nubes en su gloria, también Ella, la Consorte,  aparecerá a su derecha. Y nosotros, si somos hoy sus esclavos, también con Ella reinaremos. Que ser consorte de María es serlo de Jesús.

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