Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

16 Agosto, 2014 – Espiritualidad digital

De guardaespaldas a cireneos

guardaespaldas    El amor de los apóstoles por Jesús, en sus inicios, era verdadero, pero rudo. Por eso no fueron capaces de acompañarlo a la Cruz. Y es que su forma de manifestar el cariño hacia el Señor consistía en evitarle sufrimientos, pensando que el Maestro necesitaba guardaespaldas que le ahorrase golpes y cansancios.

    Le acercaron a Jesús unos niños para que les impusiera las manos y rezara por ellos, pero los discípulos les regañaban. Hasta los niños, que no buscaban sino la bendición de Dios, tuvieron que sufrir los malos humores de unos apóstoles que aún sabían poco del verdadero amor. Jesús no increpó a los niños, sino a los discípulos: No impidáis a los niños acercarse a mí.

    En el fondo, cuando queremos ahorrar sufrimientos al ser querido, más que eso deseamos evitar sufrir nosotros. Es el dolor que nos produce ver sufrir a un ser amado el que pretendemos esquivar.

    Pero no está en eso el verdadero amor. Éste no consiste tanto en ser guardaespaldas como en ser cireneo. No se trata de evitar sufrimientos al ser amado, sino de no causárselos, y de sufrir con él los que él padezca. Tras aprender la lección, los apóstoles murieron mártires.

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