Evangelio 2018

15 agosto, 2014 – Espiritualidad digital

Tu vientre, tu pecho, tu rostro, tus brazos…

asunción

La Asunción de María

    Dice el Señor en la Escritura que no puede un árbol malo dar frutos buenos (Cf. Mt 7, 18). Por ese motivo, si el fruto es bueno, necesariamente será bueno el árbol. Y si el fruto es excelente…

   ¡Bendito el fruto de tu vientre!, le grita Isabel a María. Y ese fruto era Dios, el Verbo divino encarnado por Amor. Bien podría decirse: «¡Bendito tu vientre, que lleva tal fruto!»

    ¿Cómo iba ese vientre a pudrirse en el sepulcro? ¿Cómo iba a permitir Dios que el sagrario donde su Hijo había morado durante nueve meses, y los pechos que lo alimentaron recién nacido, y los brazos que, amorosos, lo estrecharon fuesen comida de gusanos?

    Por eso fue llevada María en cuerpo y alma a los Cielos. Que si el Cielo es contemplación amorosa de Dios, también allí quería Dios Hijo seguir contemplando, gozoso y radiante, el rostro que le alegró la vida en la niñez y consoló su dolor junto a la Cruz.

    También allí, María, esperamos llegar un día nosotros. Y querremos entonces abrazarte, no de forma espiritual o simulada. Queremos nuestros brazos y los tuyos, ya gloriosos y libres, y que en ese abrazo nos muestres a Jesús.

(1508)