Evangelio 2018

10 agosto, 2014 – Espiritualidad digital

Mejorando el estado de ánimo

ánimo    En momentos de incertidumbre o de tristeza, ten cuidado con los «animadores». Son personas llenas de buena voluntad que se acercan a ti, te dan una palmada en la espalda, te dicen: «¡Ánimo!», y se marchan. Quizá piensan que, con esa palmadita taumatúrgica, te transmiten algún tipo de energía positiva, o que su palabra es una especie de conjuro que hace descender ánimo del cielo. En todo caso, cuando el animador se marcha, sigues con la misma tristeza y con menos ganas de que se acerque nadie. ¿De qué te sirve que te receten ánimo, si no te aportan nada para proporcionártelo?

    La cosa es distinta cuando es Jesús quien te da ánimos. A un paralítico le dijo: ¡Ánimo, hijo! Tus pecados están perdonados (Mt 9, 2). Y, en aquel mismo momento, sanaron alma y cuerpo del enfermo. ¡Así da gusto que lo animen a uno!

    Noche cerrada y tormenta. Asustados los apóstoles, como tú y como yo en esta travesía de la vida poblada de vientos, tinieblas y olas. De repente: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo!… Y el alma se sosiega. Si estás a mi lado, Jesús, todo cambia. Tú no me recetas ánimo. Mi ánimo eres Tú.

(TOA19)