Evangelio 2018

9 agosto, 2014 – Espiritualidad digital

El mejor aceite, en la mejor tienda

tienda    Aunque pueda parecer una inconveniencia o una falta de caridad, la respuesta de las vírgenes sensatas a las necias que les pedían aceite está llena de sentido común y de sentido sobrenatural: Por si acaso no hay bastante para vosotras y nosotras, mejor es que vayáis a la tienda y os lo compréis.

    Los hombres deben ver en nosotros la luz de Cristo; es deber nuestro brillar como antorchas en un mundo a oscuras. Pero, si se acercan a nosotros en busca de ese aceite que hace brillar nuestras vidas, debemos saber que nosotros no se lo podemos dar. Ese privilegio le corresponde sólo a Dios, que es quien derrama la gracia divina en los corazones. Como tantas veces dijo Juan Bautista, nosotros no somos el Mesías. De no saberlo, acabaríamos creándonos «clubs de fans», y -lo que es aún peor- le robaríamos los discípulos a Cristo.

    Nuestra tarea consiste en acercar a las almas a Dios, y, después, desaparecer. Él es la tienda. Y tiene sucursales en todos los confesonarios del mundo. Por tanto, cuando los hombres vean en ti la luz de Cristo, indícales el camino del confesonario más próximo. Les gustará esa tienda. Todo lo venden gratis.

(0908)