“Evangelio

5 Agosto, 2014 – Espiritualidad digital

Higiene bucal

limpieza de boca    Una de las ventajas de vivir sin otra compañía que la del sagrario es que puede uno permitirse el lujo de no hablar a primera hora con nadie más que con Dios. Francamente, en esas primeros momentos no me apetece hablar. Las capacidades discursivas son perezosas, y despiertan más tarde. A las seis de la mañana sólo despiertan las intuitivas, y mi oración consiste en mirar y gozar. Ni Dios me dice nada, ni le digo nada yo. Miro al sagrario, el sagrario me mira y se nos pasa el tiempo. Cuando, finalmente, abro los labios, mis primeras palabras son: «Señor, ábreme los labios, y mi boca proclamará tu alabanza». Es como una limpieza de boca matutina. Luego llegan las criaturas, y por los labios pasa de todo.

    Lo que sale de la boca, eso es lo que mancha al hombre. Cuando de la boca brota la alabanza divina, el corazón se expande. Cuando brotan murmuraciones, frivolidades, insidias y groserías… Mejor tomar de nuevo entre las manos la Liturgia de las Horas o el rosario. Una nueva limpieza de boca ayuda a limpiar el corazón. Llegada la noche, el último cepillado: cerrar el día con las palabras «Jesús, José, María»…

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