Liber Gomorrhianus

2 Agosto, 2014 – Espiritualidad digital

Dios como excusa

excusa    Poner a Dios como excusa para pecar es un viejo truco inventado hace siglos por la gente «piadosa» o la que, al menos quiere aparentarlo. Ya hace dos mil años, cuando Salomé sorprendió a Herodes respondiendo a su oferta de darle lo que quisiera con la petición de la cabeza del Bautista, el virrey accedió por el juramento. «Ya sabes, Dios, tengo que matar al Bautista. De otro modo, habría jurado en falso, y eso no te gusta, ¿verdad?». Y así, por no jurar en falso, asesina uno y se queda tan ancho.

    Hay más ejemplos: hablar de los pecados del hijo de la vecina se llama «murmurar», y es pecado. Pero siempre puedes decirle a tu compañero de banco de la iglesia: «reza por el hijo de la vecina. Pobrecito. Me he enterado de que está engañando a su mujer con la farmacéutica. Hay que pedir mucho por él».

    Huir de la propia familia para no soportarlos es un pecado, porque la familia es -debe ser- iglesia doméstica. Pero siempre puede uno cambiarla por la iglesia parroquial, pasar el día haciendo cosas en la parroquia, y no tener tiempo para el cónyuge y los hijos.

    En fin… ¡Pobre Dios!

(TOP17S)