Evangelio 2018

agosto 2014 – Espiritualidad digital

El cielo de los tontos

cielo    Dios quiere que todos los hombres se salven, pero la salvación no es para todos.

    El que quiera venirse conmigo… La salvación es para aquéllos que quieren venir con Jesús. Es para quienes lo conocen y lo aman, para quienes se niegan a dejarlo escapar, para quienes ni siquiera preguntan «¿dónde vamos?», porque el mero hecho de seguirlo a Él llena sus vidas.

    Por eso, no basta con querer burlar la muerte, ni con huir del Infierno, ni con la pretensión de reencontrarse con los seres queridos que murieron. Quienes no cuentan con deseos más altos que ésos sufrirán un terrible desengaño al ver el Cielo, y no querrán entrar. Porque el Cielo es Cristo, sólo Cristo y todo en Él. Pero quien se aburría en misa no podrá soportar la eternidad atado a una mirada a su dulce rostro.

    El precio del desengaño es demasiado caro a la hora de vender mentiras. Hay que acabar con ese cielo de lo poetas, o de los ingenuos, o de los filósofos, porque ese cielo no existe. El Cielo es Cristo. Y debemos anunciar su nombre a los hombres, porque es justo que conozcan la maravilla para la que han sido creados.

(TOA22)

Fiel en lo poco

gestas    Soñamos con gestas propias de héroes, más que de santos: perder la vida por salvar la de otra persona, dar un testimonio público que remueva miles de corazones y convierta a miles de pecadores, fundar una congregación que renueve la Iglesia y el mundo, anunciar el Evangelio en lugares donde no sea conocido y bautizar a multitudes, sufrir el martirio…

    Pero, mientras llega la ocasión apropiada para la gesta, encontramos pocos motivos de santificación en la rutina de cada día. De una religiosa me decía su superiora que estaba deseando morir mártir, pero poco dispuesta a fregar los platos de la cena.

    Como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. Levantarte a tu hora, no restar tiempo a tu oración de cada día, sonreír ante la persona cargante e inoportuna, renunciar a un vaso de agua en un día de calor, tratar con cariño a quien habla mal de ti, procurar que el cansancio no se note… Ahí tienes tus gestas, a tu alcance cada día. No sé si tendrás ocasión de morir mártir, pero, si eres fiel en esas cien minucias diarias, no te hará falta para alcanzar las cumbres más altas de la santidad.

(TOP21S)

La única respuesta válida al mal

SyriaJamesFoley    Está demasiado cerca, es demasiado reciente la decapitación de James Foley como para que la celebración del martirio del Bautista, que realizamos hoy, no avive en nuestras mentes su recuerdo.

    Quiero que ahora mismo me des en una bandeja la cabeza de Juan, el Bautista. Se trata, esencialmente, del mismo misterio. La furia desatada del Demonio no se conforma con matar al justo; quiere, a toda costa, su cabeza desprendida de su cuerpo y convertida en trofeo. Es irracional, y de una crueldad absurda, pero así es el mal. Tratar de razonar con él es más absurdo aún.

    Frente a ello, la reacción de los discípulos es de una tristeza sosegada y limpia: Fueron a recoger el cadáver y lo enterraron. Así actuaron los cristianos en los primeros siglos, cuando sus hermanos eran brutalmente asesinados. Así ha reaccionado los padres de Foley, declarando que tratan de perdonar a los verdugos de su hijo.

    Ni una pintada en el castillo de Herodes, ni una manifestación a las puertas de su casa, ni tan siquiera una descalificación, porque los evangelios son parcos en adjetivos. Sólo piedad.

   Y es que el mal sólo se redime de una manera: sufriéndolo con amor y perdonando.

(2908)

El sabio Domingo Savio

Domingo Savio    Cuando al pequeño Domingo Savio, mientras jugaba al billar en el colegio con sus compañeros, le preguntaron qué haría si supiera que iba a morir en los próximos minutos, respondió: «Seguiría jugando al billar». Es la respuesta de quien sabe que está haciendo, en ese momento, lo que debe hacer, y tiene la conciencia limpia.

    A la hora que menos penséis viene el Hijo del hombre. El mejor modo de prepararse para la muerte consiste, simplemente, en no prepararse, sino estar preparado. Ante la pregunta que le hicieron al santo, una respuesta del tipo «iría corriendo a confesar y me pondría a bien con mis enemigos» es propia de quien no vive en presencia de Dios. El santo vive con la serenidad de quien está, en todo momento, confesado y reconciliado con sus enemigos.

    Y es que la muerte no debería ser, en sentido estricto, un encuentro con Dios. Eso supondría que estamos viviendo lejos de Él, y que al morir nos lo encontramos como se encuentra uno a un familiar que viene de visita. La vida santa es diálogo permanente e ininterrumpido con Dios. Y, en una vida así, la muerte, más que un encuentro, es el abrazo definitivo.

(TOP21J)

La mala costumbre de matar profetas

profetas    Desvelaba ayer el diario italiano «Il Tempo» que el papa Francisco está en el punto de mira del integrismo islámico… Nada nuevo. Un integrismo que lleva años matando cristianos es lógico que ansíe acabar con la vida de quien los lidera.

    Y aunque la reacción fácil es pensar en lo malvados que son los asesinos, poco nos aprovecha si no oramos por ellos. ¿Rezáis a diario por la conversión de los musulmanes? Desde la misma aparición del Islam, esa conversión ha constituido uno de los grandes deseos de la Iglesia.

    Su hubiéramos vivido en tiempo de nuestros padres, no habríamos sido cómplices suyos en el asesinato de los profetas. ¿Estás seguro? Si te hubiesen educado, desde niño, en el odio a la Fe Católica, ¿qué habría sido de ti?

    Te diré algo: educado, como estás, entre devocionarios y estampas, también se te escapa, de cuando en cuando, el «mataprofetas» que llevas dentro. Y cuando alguien -ya sea el confesor, o tu cónyuge, o tu catequista- te dice en nombre de Dios lo que no quieres oír sobre ti mismo, lo matas por dentro, le llamas de todo, abominas de él… ¡Menos mal que te han educado entre devocionarios y estampas!

(TOP21X)

La copa, por dentro y por fuera

santidad    Existen dos formas de buscar la santidad: de fuera hacia dentro, y de dentro hacia fuera. Son etapas distintas de un mismo proceso.

    De fuera hacia dentro: es momento de propósitos, a ser posible pocos y concretos. Mediante ellos, modificamos la conducta, y así despejamos el camino para la transformación del corazón. Uno se propone levantarse temprano para orar, y gracias a ello la oración le transformará por dentro. O se propone no quejarse de las contrariedades, y esa mansedumbre ablandará el corazón para que pueda ser moldeado por Dios. Si el segundo paso no se da, el resultado es la hipocresía: Limpiáis por fuera la copa y el plato, mientras por dentro estáis rebosando de robo.

    De dentro hacia fuera: El corazón se llena de Amor de Dios, y ese Amor de Dios van transformado suavemente nuestra conducta, nuestro pensamiento, y hasta nuestro semblante. Limpia primero la copa por dentro, y así quedará limpia también por fuera.

    Para que se produzca ese paso de la primera a la segunda forma de buscar la santidad se precisa humildad. Por eso, por soberbia, muchos se quedan en la hipocresía. Al final, no buscaban la santidad para Dios, sino para sí mismos.

(TOP21M)

El perro del hortelano

el perro del hortelano    Además de por la obra de Lope de Vega, el perro del hortelano es famoso en nuestra tierra por una costumbre peculiar: ni come ni deja comer. Cierto que era práctico para el hortelano, porque le guardaba gratis la huerta, cuyos frutos no apetecía, pero también ha sido práctico para el refranero, que aplica el dicho a todos aquellos que impiden el provecho ajeno mientras renuncian al propio.

    Era el caso de los fariseos: Cerráis a los hombres el reino de los cielos. Ni entráis vosotros, ni dejáis entrar a los que quieren. Y es que, cuando quien tiene que instruir a los demás no está él mismo instruido, además de privarse de la verdad priva de ella a otros.

    Nos atañe a muchos: desde luego, a los sacerdotes. Pero también a los padres, a los maestros, a los catequistas…. Quienes tenemos a nuestro cargo la formación de otros debemos estar, nosotros mismos, muy bien formados. Y quienes tenemos que orientar a otros en el camino de la santidad debemos estar seguros de que lo recorremos nosotros. Para nosotros, ser santos no es -no puede ser- un mero empeño personal. Muchas personas necesitan que lo seamos para serlo ellos. Cuidado.

(TOP21L)

Fantasmadas

fantasmas    A poco que uno converse con personas alejadas de la fe católica, se da cuenta de que fe, lo que se dice fe, todos tienen. Creen en la vida extraterrestre, en la reencarnación, en el «más allá»… Las revistas sobre esoterismo y ocultismo se venden bien. Nadie cree en fantasmas, porque la palabra nos recuerda a esos ectoplasmas cubiertos de una sábana con que nos asustaban de niños, pero si habla usted de «espíritus» se sorprenderá del interés que suscitan. Por no hablar de lo concurridos que andan algunos foros de espiritismo…

    Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. También en tiempos del Señor creían los hombres en fantasmas. Y, ante los milagros obrados por Jesús, optaban por creer que se trataba del espíritu errante de un profeta. Todo, menos creer que era Dios mismo quien venía a redimirlos.

    Ahí es donde radica el problema. Creer en algo más allá de lo visible es fácil, y compromete poco. Pero creer que Dios se acerca a ti compromete demasiado. Te obliga a cambiar de vida. Ése, y no otro, es el verdadero motivo por el que los hombres se alejan de la Iglesia.

(TOA21)

¡Cuánto maestro suelto!

maestro    Dice hoy el Señor: No os dejéis llamar maestro, porque uno solo es vuestro maestro. Y lo cierto es que hoy, en España, fuera del ámbito de la tauromaquia, ni siquiera los maestros son llamados así, pero tenemos más maestros que nunca. Hasta los niños nacen con el magisterio incorporado, y saben mejor que sus padres lo que hay que comer, a dónde hay que viajar, y a qué hora hay que acostarse. Quizá por eso, tanto la profesión civil del maestro como el ministerio eclesiástico de la predicación no valen nada. Cualquier infante sabe más que su profesor, y cualquier feligrés sabe más que su presbítero.

    La moda de las tertulias televisivas y radiofónicas no ha ayudado. Esos foros donde todo el mundo habla de cualquier cosa y nadie sabe cuánto ha estudiado cada uno, al introducirse en lo hogares han convencido a los españoles de que basta tener boca para sentar cátedra de todo.

    En fin… No sé qué sucederá cuando se presente el Maestro y seamos convocados para el examen decisivo. Porque, entre tanto sabio, aquí todo el mundo está preparado para examinar a los demás, pero el examen propio nadie lo ha preparado. ¡Ay de nosotros!

(TOP20S)

Consorte

consorte    Se llamó a sí misma «esclava»: Aquí está la esclava del Señor. Y se refería a una esclavitud que no debería ser abolida jamás: la de quien se entrega a Dios dulcemente, movida sólo de amor.

    El Señor Dios le dará el trono de David, su padre, reinará sobre la casa de Jacob por siempre, y su reino no tendrá fin. Entonces el Señor vino a Ella como rey, y a la esclava la volvió consorte, como hiciera Asuero con Ester. Y, al igual que Ester, María vino a ser reina, pero de un mayor reinado, porque su Esposo es rey de Cielo y Tierra.

    Le toca al consorte compartir la suerte de aquél a quien está unido. Y comparte María la suerte de Cristo Rey. Por eso reina ahora en silencio, infiltrando en los corazones de los cristianos los sentimientos de su Hijo, que Ella guarda en su inmaculado Corazón. Es mediadora de gracias, e intercesora de súplicas.

    Cuando llegue el día, y Cristo vuelva sobre las nubes en su gloria, también Ella, la Consorte,  aparecerá a su derecha. Y nosotros, si somos hoy sus esclavos, también con Ella reinaremos. Que ser consorte de María es serlo de Jesús.

(2208)