“Evangelio

17 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Yugos

yugo    Quizá no somos bueyes, pero llevamos yugo. Ese yugo nos carga y nos ata a algo o a alguien, que es nuestro «cónyuge». Hay quien se ata a sus miserias; es un yugo pesado. Hay quien se ata a sus problemas; también es yugo pesado. Hay quien se ata a las cosas más diversas (un coche, un ordenador, un deporte); el yugo, ligero al principio, también acaba por volverse insoportable. En cuanto a los verdaderos cónyuges, el hombre y la mujer que se desposan entre sí… A algunos se les hace pesado el yugo y lo rompen. Para otros siempre es dulce. Explicaré por qué.

    Cargad mi yugo sobre vosotros. Mi yugo es suave y mi carga ligera. Hay quien se encadena a Cristo y lo convierte en su cónyuge. Ese yugo le libera de pecados, problemas personales y apegos, para liberarlo. Después, hecho por amor esclavo de Cristo, asocia su vida a la del Señor, y sufre con Él, goza con Él, perdona con Él, ama con Él… Como su yugo es suave, cuando lo comparte con el ser amado, ambos gozan de Dios. El matrimonio cristiano no es un yugo de dos plazas; hay una Cruz en medio.

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