Liber Gomorrhianus

16 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Gente sencilla

gente sencilla    Perdonad si esta reflexión veraniega es un poco personal. La escribo con la esperanza de que lo que a mí me aprovecha pueda aprovechar a otros.

    Si yo nunca hubiese pecado, apenas tendría que preparar mis sermones. Y es que el tiempo que dedico a prepararlos tiene un solo objetivo: hacer mis palabras asequibles, llevarlas a la altura en que pueda comprenderlas un niño. Porque todo aquello que no pueda comprender un niño no es necesario para la salvación, y no debe ser predicado en el templo. Has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla.

    Por eso, ante el sagrario, pido al Espíritu Santo luz para simplificar, para deshacer nudos, y no decir con mil palabras incomprensibles en veinte minutos lo que puedo decir con diez palabras sencillas en veinte segundos.

    Si nunca hubiese pecado, una vida de virtud me habría llevado a esa niñez de espíritu que permite al alma entender a Dios sin casi hablar. Pero mis pecados me hicieron adulto, y tengo más necesidad de decrecer que de estudiar. Por eso, ante el sagrario, todo va volviendo a parecer sencillo. Cuando sólo balbucee, mis culpas habrán sido purificadas.

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