Liber Gomorrhianus

12 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Santos que se esconden y tibios que esconden

Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse    El santo se distingue del tibio porque el santo se esconde, mientras el tibio esconde.

    Me explico: el santo no quiere brillar en este mundo, y, se retira en soledad con Dios a lo escondido. No siempre puede ocultarse a las miradas, y en ocasiones Dios le pide que grite ante los hombres, pero, incluso entonces, él se retira a lo escondido del alma para que sólo Cristo brille. El tibio, por el contrario, gusta de brillar en este mundo, y se anuncia a sí mismo, incluso sirviéndose de Dios.

    Buscando brillar ante los hombres, el tibio esconde su pecado y su verdadero rostro. Es lobo con piel de oveja, y tanto esconde su miseria que, en ocasiones, incluso se la esconde a sí mismo. No soporta mirarse tal como es. Miente al confesor, porque calla sus pecados; pero primero se ha mentido a sí mismo para no afrontarlos.

    Nada hay cubierto que no llegue a descubrirse; nada hay escondido que no llegue a saberse. Llegado el Juicio, todo se sabrá: saldrá el santo de su escondite, bañado en Amor, y saldrán del sótano del tibio todas sus miserias. Y es que más vale vivir en verdad que soñar mentiras.

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