Liber Gomorrhianus

9 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

El refrescante verano de un apóstol

terraza1    El verano es tiempo de cerveza, terrazas de bar al atardecer, barbacoas y paellas, piscina y excursiones, encuentros en la playa, paseos junto al mar… Un tiempo precioso para el apostolado. Y ese apostolado no es una actividad más de la lista anterior. El apostolado, para un cristiano, va incluido en la cerveza, en las terrazas de bar al atardecer, en las barbacoas, etc.

    A estos doce los envió Jesús: «Id y proclamad que el reino de los cielos está cerca». Un apóstol -es decir, un cristiano- no concibe las vacaciones como un paréntesis en el que uno, al fin, tiene tiempo para sí mismo. El cristiano nunca tiene tiempo para sí mismo, porque espera la eternidad como descanso. Por eso, el verano de un apóstol es el de un enviado. Trasladarse al mar con la familia y, una vez allí, cerrarla como una tienda de campaña para que nadie entre, es el verano de un burgués, no el de un cristiano.

    Cerveza, playa, piscina, barbacoas, terrazas… Con las puertas abiertas, cultivando la amistad de personas que están lejos de Dios, y repartiendo alegría a raudales. No sabes la de conversiones que puede provocar una buena cena al aire libre.

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