Liber Gomorrhianus

7 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Tristezas que matan; tristezas que duermen

tristeza    Al morir la niña, la casa se había convertido en féretro. Entro Jesús, y echó a los que lloraban: ¡Fuera! La niña no está muerta, está dormida. También de Lázaro dijo que estaba dormido. Ambos resucitarían. Con todo, morir y dormir son realidades distintas: quien muere desaparece, quien duerme descansa.

    Lo primero que hace Jesús, al entrar en el alma, es expulsar la tristeza de la carne. Hablo de esa tristeza egoísta y estéril, que sobreviene cuando las cosas no salen a nuestro gusto: una enfermedad, un contratiempo, un fracaso, un desaire, una traición… ¡Fuera! -dice Jesús- La niña no está muerta, está dormida. «No estés triste por eso, que tu dolor no es para siempre. Si eres fiel a Dios, mañana heredarás el Cielo. Por tanto, lo que te sucede no es muerte, sino sueño. Descansa en ese sufrimiento, reclínate conmigo en la Cruz».

    ¡Qué descanso, sufrir con Jesús! Hasta el dolor se vuelve sueño, y sueño dulce, cuando se reclina la cabeza en la llaga del costado. A cambio de ese dolor egoísta, Él te concede la tristeza santa, la suya: y te duelen los pecados, las soledades de los sagrarios, la tibieza de los «buenos»… ¡Bendito dolor!

(TOP14L)