Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

5 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Cata de vinos

vinos    Ante los ojos de Jesús, este mundo es una inmensa bodega con vinos nuevos y viejos. Lo mismo podría decirse del alma. En ambos casos, el vino nuevo es Él. Antes de que descendiese a esa bodega, las barricas apestaban a vino rancio, como apesta el alma antes de ser visitada por la gracia.

    Ojalá pudiésemos decir que, al llegar Cristo a esta bodega, el vino rancio desapareció, y el perfume del nuevo inundó la cava. Pero no fue así. Tampoco sucede en el alma que un solo sacramento acabe con el pecado. La culpa no es de Dios; hubiera bastado una gota de la sangre de Cristo para redimir el Orbe, y una comunión bastaría para santificar un alma. La culpa es de nuestra falta de correspondencia a la gracia.

    Por eso coexisten, en el mundo y en el alma, vino nuevo y vino viejo. El vino rancio del pecado necesita los odres viejos de la penitencia. El vino nuevo de la gracia requiere los odres nuevos de la fiesta.

    Ojalá, antes de morir, hubiese sido posible dejar de ayunar. Ojalá, antes de que el Señor vuelva, la Humanidad entera se encontrase vuelta hacia Él. Aún estamos a tiempo…

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