“Evangelio

4 Julio, 2014 – Espiritualidad digital

Informáticos y nonagenarias

nonagenarias    Jesús tuvo más éxito con publicanos y prostitutas que con las personas más religiosas de su entorno. Es desconcertante, porque el mensaje que Él traía era, eminentemente, religioso. Si alguien abre una tienda de componentes electrónicos enfrente de mi parroquia es más fácil que capte como clientes a los aficionados a la informática que a las nonagenarias que aún no comprenden qué es Internet.

    Con Jesús fue distinto. Para empezar, quienes tenían la tienda eran los escribas y fariseos, representantes de una religión «para especialistas», repleta de preceptos terriblemente sofisticados. Ante ellos, los publicanos eran como las nonagenarias ante la informática: ni entendían, ni les interesaba. Jesús, sin embargo, anunciaba aquello que todo hombre, nonagenario o bebé, necesita: amor eterno e incondicional. Y no lo anunciaba sólo con sus palabras, sino con sus ojos y su vida. Misericordia quiero y no sacrificios.

    Los ojos de Jesús no eran los de un especialista. Eran los de un hombre, y eran los ojos del Dios Amante. Por eso, al contacto con esos ojos, se derretían los corazones de los pecadores. El problema de los especialistas fue que, ocupados como estaban en sus libros, jamás le miraron a los ojos. Quizá salvo Nicodemo.

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