Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

27 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

Lo que nadie hubiese esperado de Dios

sagrado corazón    De Dios se pueden esperar muchas cosas: que sea sabio, omnipotente, justo, fuerte, eterno, perfecto, hermoso…

    Todo eso, y más, podría esperarse de Dios, y quien lo esperase no quedaría defraudado. Pero lo que jamás esperaríamos, si Él mismo no nos lo hubiese revelado, es que Dios fuese manso y humilde. Son dos atributos que no corresponden, a primera vista, al Ser Supremo, porque, también a primera vista, no los necesita. ¿Qué necesidad tiene de ser manso quien es omnipotente, y qué necesidad tiene de ser humilde quien es la perfección suma sin mezcla alguna de imperfección?

    Aprende de mí, que soy manso y humilde de corazón. He ahí la grandeza del Sagrado Corazón de Jesús: si Dios no necesitaba para sí mismo ser manso ni humilde, ha querido necesitarlo para nosotros. Y se ha hecho hombre, y se ha revestido de nuestra fragilidad, y ha elegido sufrir mil penas, y en todas ellas hacerse como el último de los hombres, para redimirnos y para que tuviésemos un ejemplo que imitar. No podemos imitarlo en su grandeza, pero sí en su humildad. No podemos imitarlo en su poder, pero sí en su mansedumbre.

    ¡Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío!

(SCORJA)