Liber Gomorrhianus

24 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

Apostolado ≠ Marketing

marketing    El espíritu del mundo se infiltra a menudo en nuestra labor apostólica, y convierte en marketing lo que debería ser entrega redentora.

    Me refiero, por ejemplo, al modo en que situamos sobre el candelero al recién convertido y le reclamamos testimonios, haciendo de él una estrella mediática. Quisiéramos gritar: «¡Mirad! ¡Todavía ganamos adeptos!» El neófito, cuyo entusiasmo es mayor que su preparación, acaba sometido a la vanidad, y viene a caer en redes peores que las antiguas. Por algo pide san Pablo que no se den responsabilidades al neófito, no sea que, llevado por la soberbia, caiga en la misma condenación del Diablo (1Tm 3, 6). San Pedro Damián mandaba que a los recién convertidos se los sometiese a dura penitencia.

    Vivió en el desierto hasta que se presentó a Israel. Si el propio Hijo de Dios pasó treinta años escondido antes de predicar, lo menos que podía hacer su Precursor era retirarse al desierto durante años antes de anunciar al Mesías.

    No lo olvidemos jamás, porque nuestro apostolado nada tiene que ver con el marketing. Que no nos ha llamado Dios a vender Coca-Cola. Primero oración, penitencia, y escondimiento. Luego hablamos. Y después nos morimos. Por último… Los frutos.

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