Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

19 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

Peligros de una traducción ambigua

traducciones        La traducción española del Padrenuestro no hace honor al texto original. Es una pena, porque el hispanohablante medio puede estar pidiendo algo distinto de lo que el Señor nos mandó pedir.

    El ejemplo más flagrante es la última frase de la oración dominical: decimos «líbranos del mal», y puede uno estar pensando en el lado tenebroso de la fuerza, o en las conjuras internacionales, o en el mal de la piedra. Pero Jesús se refería, no al mal, sino al Malo, al Demonio.

    Líbranos del Maligno. En este caso, la traducción litúrgica del evangelio de san Mateo es más afinada que la traducción oficial del Padrenuestro. Le pedimos a Dios que nos libre de los ardides de Satanás. Y Dios, como respuesta, le permite al Demonio tentarnos y atacarnos una y otra vez. Tan sólo los tibios se libran de las asechanzas del Enemigo, y es porque no las necesitan. Ya le han entregado todo.

    Es curiosa la forma en que Dios, atento a nuestra oración, nos libra del Maligno: emplea sus tentaciones para fortalecernos. Sin ser tentado, nadie puede salvarse. Pero las almas fieles a la oración, aunque se tambaleen, no caerán. Tantos Padrenuestros no pueden rezarse en vano.

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