Liber Gomorrhianus

17 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

El verdadero amor al enemigo

amad a vuestros enemigos        Amar al enemigo no es sonreír por fuera, mientras deseas por dentro que a ese merluzo lo parta un rayo. Ni tampoco es decir «prefiero no hablar de ese señor», sabiendo que, al decirlo, has dejado claro lo que piensas de él. Eso es solamente hipocresía. Pero la hipocresía no es virtud.

    Amad a vuestros enemigos, y rezad por los que os persiguen. El verdadero amor al enemigo nace dentro, en el corazón del que brotan las plegarias hacia el Cielo. Cuando alguien te hiere, es normal que ese corazón se resienta, y que la herida sangre cuando piensas en quien la ha causado. No hay pecado en ese «resentimiento», que es dolor más que rencor. Pero, si quieres que la herida sane, es preciso que, aún sufriendo, ores por quien te hizo daño. Todo eso sucede en el santuario interior, y queda en secreto entre Dios y tú.

    Poco a poco, si perseveras en esa oración, el corazón se ablanda y brota la misericordia. Piensas en quien te hirió, y te ves capaz de amarlo. La amargura inicial se ha convertido en ternura. Estás perdonando de corazón. Al final, la oración por tu enemigo te ha sanado a ti.

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