“Evangelio

10 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

El arte de comer tortilla

tortilla-de-patatas    Lo propio de la sal es estar desperdigada y pasar inadvertida. Comes la tortilla, y, si te resulta agradable, alabas a quien la hizo: «¡Mamá, qué bien te ha salido la tortilla!». Puedes ponderar lo jugoso del huevo, la calidad de las patatas, o el punto justo de cebolla. Pero, normalmente, te olvidas de la sal…

   … Hasta que falta. Entonces, todo se viene abajo. «¡Mamá, esta tortilla no tiene sal!». Y ya nada importan la patata, la cebolla o el huevo. Sin sal, la tortilla pierde todo.

    Peor aún es que sobre. Porque, si falta, el salero puede suplir. Pero, como la tortilla salga salada, no hay nada que hacer. Cuando la sal se empeña en decir: «¡Eh, que estoy aquí, miradme!», mejor taparse la nariz y deglutir deprisa si no quieres tirar la tortilla.

    Vosotros sois la sal de la tierra. Tal es la vocación de los cristianos: estar desperdigados en el mundo (¡Cuánto daño hacen esos «ambientes cristianos» con forma de guetos o de «peñas»!) y pasar inadvertidos para que sea Cristo, el gran cocinero, quien se luzca. En definitiva: ser santos sin llamar la atención. Que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre.

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