Liber Gomorrhianus

9 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

¿Se puede disfrutar mientras se llora?

Dichosos los que lloran    «¡Quítamelo! ¡Quítamelo! ¡Quítamelo!»… Con otras palabras, esa suele ser nuestra oración cuando aparece el sufrimiento en nuestra vida: «¡Señor, que se cure mi padre! ¡Señor, que encuentre trabajo! ¡Señor, cambia el corazón de mis enemigos para que no me odien!»…

    No es que esté mal. El Evangelio está lleno de personas que rezaban así, y, a muchos de ellos, el Señor les concedió cuanto pedían. A otros no; al que hemos llamado «mal ladrón» no lo bajó el Señor de la Cruz.

    Existe una oración mejor: Dichosos los pobres, dichosos los que lloran, dichosos los perseguidos… Me quedo con la segunda. Porque, al decir dichosos los que lloran, está dando a entender que son dichosos sin dejar de llorar. Habla Jesús de un dicha que no se identifica con la desaparición del sufrimiento, sino que hunde sus raíces en ese mismo dolor.

    Sé que a nadie le gusta sufrir; a mí tampoco. Pero cuando, en lugar de renegar de la Cruz, buscamos y encontramos en ella al Crucifijo, es decir, a Cristo que llora a nuestro lado, las lágrimas pueden ser muy dulces.

    Por eso te sugiero otra oración ante el sufrimiento: «¡Señor, muéstrame tu rostro y hazme feliz aquí!»

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