Liber Gomorrhianus

6 Junio, 2014 – Espiritualidad digital

Irrefutable demostración

Pedro    Somos muy aficionados a las demostraciones. Quizá porque nos hemos llevado demasiadas desilusiones… Por lo que sea, no nos basta con que nos muestren el producto; necesitamos que nos demuestren que funciona bien. Nos reconforta el que Dios nos haya demostrado su Amor; la Cruz parece hecha a la medida de las inseguridades humanas.

    El pobre Simón Pedro era como nosotros. Y cuando, por tercera vez, Jesús le preguntó ¿Me amas más que éstos? pensó que Jesús, siendo hombre, sería de la misma cofradía que todos los demás. Vamos, que, con la triple insistencia, en realidad quería decirle: «¡Demuéstramelo! ¡Demuéstrame que me amas!»

    Se quedó helado. ¿Cómo demostrar que realmente quería a Jesús, cuando aún estaba fresco en la memoria el terrible momento en que, por tres veces, negó con juramento conocerlo?

    Probablemente no se lo reveló ni la carne ni la sangre, sino el Espíritu Santo. El caso es que a Pedro le vino a los labios la mejor demostración de su cariño: Señor, Tú lo sabes todo. Tú sabes que amo. Fue como decir: «A pesar de mis traiciones, Tú eres Dios y sabes que mi amor es verdadero. A otro le hubiese engañado; a Ti no».

    ¡Bravo!

(TP07V)