Liber Gomorrhianus

27 Mayo, 2014 – Espiritualidad digital

El Defensor

defensor    Alguien me ha preguntado por qué, en tantas ocasiones durante su discurso de despedida, Jesús llama al Espíritu Santo el Defensor. Aquí va un intento de explicación.

    El Defensor o Paráclito es el Abogado. Se trata, por tanto, de un término de carácter procesal. Y es que Jesús está pensando en el Juicio al que todos estamos convocados. Si allí quisiéramos presentarnos avalados por nuestras «buenas obras», frente a ellas sacaría a relucir el Satán (cuyo nombre significa el Fiscal) la extensa lista de nuestros pecados. ¿Quién podría salvarse? Nadie, a menos que cuente con un Defensor excepcional.

    El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (Rm 8, 16). He ahí el alegato inapelable del Defensor. Quien vive en gracia de Dios, quien alberga en su alma al Espíritu Santo, es hijo de Dios, y es, por tanto, otro Cristo. Por eso, llegado el Juicio, y antes de que el Acusador pueda comenzar siquiera su alegato de culpabilidad, el cristiano se pone en pie y, movido por el Defensor, le dice al Juez: «¡Papá!» El Juez se levanta, besa a su niño, y lo introduce en Casa. El Juicio ha terminado.

(TP06M)