Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

13 Mayo, 2014 – Espiritualidad digital

La voz y la palabra

voz    Mis ovejas escuchan mi voz. Antes de que las palabras pongan en marcha el entendimiento, la voz del ser querido acaricia el alma y hace que se sienta en casa. Después vendrá el discurso, y con él se esclarecerá la inteligencia. Pero primero la voz, al llevar calor al alma, ha postrado al discípulo a los pies del Maestro.

    En ocasiones, ni tan siquiera hay discurso. Sucede cuando Jesús transmite al alma realidades inefables, que las palabras no pueden expresar. En esos casos, basta la voz. El silbido del Buen Pastor, mientras acaricia el espíritu, imprime en él la noticia de los bienes eternos.

    Si me preguntáis cómo es la voz del Buen Pastor, yo no puedo responderos. Os diré que no llega por el oído, aunque se sirva de él. Lo que capta el oído, por ejemplo, en la consagración de la misa, es la voz del tal o cual sacerdote. Pero, mientras el tímpano vibra con una voz humana, el alma resulta abrazada -no sé cómo- por los tonos divinos del Buen Pastor. El sacerdote mueve los labios, pero es Cristo quien habla. Lo sabes. Por eso te recoges en oración, y quisieras no salir de allí jamás.

(TP04M)