Liber Gomorrhianus

10 Mayo, 2014 – Espiritualidad digital

Comunión y vida espiritual

Comunión y vida espiritual    Durante la guerra de los treinta años, un general holandés alimentaba a sus caballos con hostias consagradas. Aparte de tratarse de un terrible sacrilegio, no se puede decir que aquellos animales comulgasen. El mero contacto corporal con las especies eucarísticas no santifica. También los soldados que abofetearon a Cristo estuvieron en contacto con su cuerpo, y no por eso comulgaron.

    El Espíritu es quien da la vida; la carne no sirve de nada. El hambre con que el cristiano se acerca al altar es espiritual. Nadie en su sano juicio buscará saciar su estómago en la Eucaristía, porque, materialmente, la Sagrada Hostia es sumamente pobre. Pero quien comulga con el espíritu hambriento de Cristo abre la boca del alma. Así, cuando recibe corporalmente al Señor, a través del cuerpo entra Jesús hasta el interior, y allí habita por su Espíritu, aún después de que las sagradas especies se han disuelto.

    Si me preguntas por qué es tan conveniente la comunión diaria, ahí tienes la respuesta: porque, al contrario de lo que sucede con el alimento corporal, cuanto más se comulga, mayor es el hambre. Y, cuanto mayor es el hambre, mejor se comulga. El torrente de vida interior se multiplica.

(TP03S)