Liber Gomorrhianus

9 Mayo, 2014 – Espiritualidad digital

Formas distintas de comulgar

comulgar    La sagrada comunión no es un«efecto colateral» de la misa. Podría decirse que toda la misa tiene como fin la comunión, porque el sacrificio de la Cruz tiene como fin la unidad de todos los hombres en Cristo. Si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida. La vida es Cristo. El que come mi carne y bebe mi sangre habita en mí y yo en él.

    Si primero el cristiano no está unido a Cristo por la gracia -si se encuentra en pecado mortal- comulgar corporalmente sería un sacrilegio, porque el Cuerpo de Cristo resultaría sumido por unos miembros entregados a Satanás. Si no media confesión sacramental, puede hacerse una comunión «de deseo» o «espiritual». Es el comienzo del rescate.

    Pero, aún comulgando corporalmente, no siempre se alcanza la misma unión. Introducir a la Vida en el propio cuerpo no siempre significa vivirla. Es preciso recogerse, hacer actos de amor, paladear esa presencia de Cristo en nosotros y gozarla hasta casi morir de júbilo. Cuando así se hace, el alma enamorada ya no soporta la separación. Necesita comulgar diariamente para no sentirse morir. Entonces hay torrentes de vida en el interior.

(TP03V)