Evangelio 2018

3 mayo, 2014 – Espiritualidad digital

Gente como Felipe

Felipe    No sé qué esperaba Felipe cuando le pidió a Jesús: Muéstranos al Padre y nos basta. ¿Quería que se abriesen los cielos y apareciese allí mismo Dios Padre? Probablemente, ni él mismo sabía lo que quería. Habló desde las vísceras, desde la herida sangrante que atormenta al hombre desde Adán.

    Yo comprendo a Felipe. Y también a Tomás. Comprendo a cualquiera que me grite que Dios debería mostrarse si quiere que creamos en Él. A mí también me duele no ver a Dios con los sentidos.

    Paradójicamente, comprendo menos a esas personas que tienen «tanta fe» que les da igual no ver. Esos, probablemente, si un día alcanzan las puertas del Paraíso, tendrán poca prisa por entrar. Al fin y al cabo, no necesitan ver. Son «personas de fe», ya sabe usted.

    La fe es un don maravilloso que nos permite ver a Dios en esta vida, porque abre para el hombre los ojos del espíritu. Pero la fe, para los ojos del cuerpo, es y será un dolor terrible hasta que esos pobres ojos, purificados, puedan acariciar el rostro de su Señor. Nadie me sacará de ahí. Yo -¡qué le voy a hacer!- soy como Felipe. Y como Tomás.

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