Liber Gomorrhianus

Mayo 2014 – Espiritualidad digital

El que todo lo llena de alegría

Espíritu Santo    En la oración «Ven, Espíritu divino» llamamos al Paráclito «Fuente del mayor consuelo». Tan alegre es el consuelo con que el Defensor ilumina las almas que, al llegarse a Isabel, el propio Juan, que moraba en sus entrañas, saltó de gozo. Se llenó Isabel del Espíritu Santo y dijo a voz en grito: – «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre!». Con ese mismo consuelo visita el Espíritu a las almas en gracia, y las llena de júbilo en la alabanza divina.

    También llamamos al Paráclito «Padre amoroso del pobre». Y, llena también del Espíritu, María exclamará: A los hambrientos los colma de bienes y a los ricos los despide vacíos. Sabe bien la Virgen cómo Dios enriquece a quien no tiene otro tesoro sino Él.

    Al Espíritu le pedimos: «Lava las manchas»… Y María exclama: Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia. Porque el Defensor trae al alma la misericordia de Dios, que limpia al hombre de todos sus pecados.

    Faltan ocho días para Pentecostés. Que María, al igual que visitó a Isabel, nos visite a ti y a mí, y obtenga para nosotros la generosa efusión del Espíritu que tanto necesitamos.

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Cuando el corazón se alegra…

alegria-guri    Ver al ser querido tras haberlo echado de menos es una de las mayores alegrías que puede experimentar un hombre. Pertenece a ese género de alegrías que supera a todas las demás: las alegrías del corazón. Son mucho más deseables que las fugaces alegrías del vientre. Y si por «corazón» entendemos el espíritu,  son también más deseables que los efímeros goces de la afectividad.

    Volveré a veros, y se alegrará vuestro corazón. Podría pensarse que las palabras de Jesús se cumplieron cuando, resucitado, se apareció a los suyos. Pero el gozo de esas apariciones fue muy fugaz. El Voy a pescar (Jn 21, 3) de Pedro suena melancólico.

    También podría pensarse que se refiere Jesús a su Segunda Venida. Sin duda, cuando llegue ese día, las palabras de Jesús se habrán cumplido totalmente.

    Pero, después de lo primero y antes de lo segundo, el Volveré a veros se refiere al Espíritu Santo. Es Él quien se allega al corazón del hombre e imprime allí la huella de Cristo. Jesús vuelve, por su Espíritu, a las almas en gracia, les muestra su rostro, y alegra sus corazones con una alegría muy superior a todos los gozos y tristezas de esta vida.

(TP06V)

Ver sin ver

escondite_big    «Os conviene que me vaya… Pero vuelvo», «El mundo no me verá… Pero vosotros me veréis», «Voy al Padre… Pero no os dejaré huérfanos». Y, finalmente, hoy: Dentro de poco ya no me veréis, pero poco más tarde me volveréis a ver.

    Se acerca el día de la Ascensión. Y nos adentramos en el que es el misterio de Dios en nuestras vidas: ausencia y presencia, nostalgia y visión… Hasta que el Amor que nos une se consume en el Cielo.

    Jesús se aparta de nuestros ojos, y parece como si la carne hubiera sido entregada a la muerte. Así es. Y en la misma muerte nos espera el Señor, abiertos sus brazos en la Cruz, para llevarnos a la Vida. El camino hacia el Cielo pasa siempre a través de la Cruz.

    A la vez, el mismo Jesús, que se ha retirado de nuestros ojos, se muestra a la mirada del alma por la fe. La fe nos permite ver a Cristo, y recibir ese beso suyo del Espíritu Santo que no se retira de nuestras almas. Hasta que el Señor vuelva sobre las nubes, el justo vive de la fe. No hay otra vida que merezca ese nombre.

(TP06J)

Como despertar de un sueño

Espíritu de la verdad    Otro de los nombres con que Jesús se refiere al Espíritu Santo es el de Espíritu de la verdad. Y el motivo por el que el Señor emplea esta denominación es claro: sólo Dios es verdad, y todo lo demás, sin Él, es mentira y apariencia.

    Cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Anda el hombre en esta vida como alborotado y aturdido por mil urgencias… Y se engaña. Todo lo que le perturba es pasajero, y está llamado a desaparecer. Vivimos como quien sueña. El Espíritu, entonces, nos despierta a la Verdad, la única verdad, la verdad inmutable y eterna que es Dios.

    Viene entonces la paz. Y, aunque continúe sumergido en sus trabajos -estamos en el mundo, y aún no hemos llegado al Cielo-, el hombre se recoge, se vuelve hacia Dios, reposa en la Verdad y toma distancia con los relámpagos de la vida terrena. Así evita disolverse en la mentira de esas luces tan llenas de tinieblas.

    Al final, bajo la guía del Espíritu, la existencia se convierte en un camino desde la mentira hacia la Verdad, de la apariencia a la realidad, de la muerte a la Vida.

(TP06X)

El Defensor

defensor    Alguien me ha preguntado por qué, en tantas ocasiones durante su discurso de despedida, Jesús llama al Espíritu Santo el Defensor. Aquí va un intento de explicación.

    El Defensor o Paráclito es el Abogado. Se trata, por tanto, de un término de carácter procesal. Y es que Jesús está pensando en el Juicio al que todos estamos convocados. Si allí quisiéramos presentarnos avalados por nuestras «buenas obras», frente a ellas sacaría a relucir el Satán (cuyo nombre significa el Fiscal) la extensa lista de nuestros pecados. ¿Quién podría salvarse? Nadie, a menos que cuente con un Defensor excepcional.

    El Espíritu mismo se une a nuestro espíritu para dar testimonio de que somos hijos de Dios (Rm 8, 16). He ahí el alegato inapelable del Defensor. Quien vive en gracia de Dios, quien alberga en su alma al Espíritu Santo, es hijo de Dios, y es, por tanto, otro Cristo. Por eso, llegado el Juicio, y antes de que el Acusador pueda comenzar siquiera su alegato de culpabilidad, el cristiano se pone en pie y, movido por el Defensor, le dice al Juez: «¡Papá!» El Juez se levanta, besa a su niño, y lo introduce en Casa. El Juicio ha terminado.

(TP06M)

Los renegados

renegados    Cuando uno ha conocido a Jesucristo, se pregunta si es posible vivir un solo segundo sin Él, sin su mirada, sin el consuelo de su presencia. La respuesta, por desgracia, es «sí». Y, si no lo fuera, nuestra libertad estaría peligrosamente comprometida. Pero, para que no quepa duda, la Historia está llena de personas que, habiendo conocido a Jesucristo, lo han rechazado. La vida, a partir de ese momento, se convierte en un infierno. Porque, a la vanidad de las criaturas, se añade la melancolía. Al fin y al cabo, quien no ha conocido a Jesús no lo echa tanto de menos como quien ha gustado las mieles de su Amor. Pidámosle a Dios que nos libre de semejante desdicha.

    Esto lo harán porque no han conocido ni al Padre ni a mí. Pero Jesús habla de quienes nos maten pensando que dan culto a Dios. También por ellos pedirá perdón en la Cruz, alegando que no saben lo que hacen. Existe alguien peor que quien nos hace daño pensando en dar culto a Dios. Hay quienes nos persiguen queriendo, deliberadamente, matar a Dios. En el fondo, desearían no haberlo conocido nunca. Pero no pueden olvidarlo. Por eso nos matan.

(TP06L)

Tras la final de la Champions

Champions    Como escribo antes de la final de Lisboa, no tengo la menor idea de quién ha ganado la Champions. Pero estoy seguro de que medio Madrid disfruta del triunfo mientras el otro medio se lamenta. Yo traigo una noticia mejor que cualquier gesta deportiva:

    Yo sigo viviendo. Es la buena nueva de la Pascua. Han pasado casi dos mil años, y Cristo sigue vivo. Para quien lo ama, no puede haber noticia mejor: Aquél que es el centro de nuestros corazones y la razón de nuestras vidas vive para siempre. No estamos enamorados de una cadáver, ni somos discípulos de un muerto. Amamos al que vive por los siglos.

    Vosotros me veréis y viviréis. A los ojos del cuerpo, el rostro del Señor ha quedado temporalmente velado. Pero también es verdad que si estos ojos, en el estado actual de corrupción, viesen tamaña belleza arderían hasta la ceguera. Entre tanto, vemos a Cristo vivo por su Espíritu en nuestras almas con la fe. Y esa misma fe nos introduce en la vida eterna ahora, sin esperar a la muerte física.

    Con tan grandes noticias… ¿Es tan importante quién haya ganado la Champions? Bueno, supongo que sí. Pero no hay comparación.

(TPA06)

Corazón empresarial

mundo    La traducción española del pasaje es afortunada: Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya. Y es que el mundo siempre ama como se ama a las cosas. Movistar me ama, y hace lo posible para que yo le sea fiel. Es decir, que Movistar ama mi dinero. En el supermercado donde hago la compra me quieren muchísimo. Y están dispuesto a hacer cualquier cosa por mí… con tal de que no me pase al supermercado de la acera de enfrente. Así ama el mundo. Y no sólo las empresas; también aman así quienes, a fuerza de no conocer otro amor, han desarrollado un «corazón empresarial».

   ¡Qué enorme diferencia con el Amor de Dios! Dios me ama realmente. Me ama cuando me entrego a Él, y me ama cuando no le doy nada. Desde luego que espera algo de mí: espera que sea santo y muy feliz, y está dispuesto a perderlo todo para que yo lo gane todo. A Dios le importa muy poco mi dinero, o mis cosas; le importo yo.  Y le importo tanto, que está dispuesto a enviar a la muerte a su propio Hijo para que yo viva.

    ¿Quién me ama realmente?

(TP05S)

Ut eatis

juguetes-niños    No se nos ha dado la vida para que juguemos con ella, ni para que nos entretengamos mientras esperamos a la muerte. La vida no es un juguete que un padre abandone en la habitación de los niños.

    La vida es un don inmenso. Junto a ella hemos recibido la fe, la gracia, el perdón de los pecados y la inhabitación del Espíritu en nuestras almas, que nos convierte en hijos de Dios. Y todo ello lo hemos recibido con un encargo especialísimo del cual se nos pedirá cuenta cuando seamos llamados:

    Os he destinado para que vayáis y deis fruto. Suena bien en latín: Ut eatis. Es decir: «Marchad».

    Pido a Dios que estas palabras se introduzcan en las habitaciones de los niños aburridos. Porque muchos viven su fe como un artículo de consumo personal, un juguete caro que los convierte en «niños ricos», superiores al resto. Rezan, disfrutan de Dios y se sienten parte de una élite espiritual. Pero si su vecino se está precipitando en el Infierno porque vive sin Dios, a ellos les da igual. Peor para el vecino.

    Ut eatis! Recordadlo: vuestra fe no es para vosotros. Es, precisamente, para el vecino. ¿A qué esperáis?

(TP05V)

¡No te vayas!

Permaneced en mi amor    Que Dios y tú paséis juntos unos minutos todos los días es algo maravilloso. Son -me dices- los mejores momentos de la jornada. Te cuesta un poco recogerte, y los primeros momentos son alborotados. Pero, cuando el corazón ha entrado en calor, quisieras no marcharte. ¡Se está tan bien ante el sagrario!

    Pero tienes que salir. Hay que trabajar, atender a la familia, hacer compras… Te cuesta arrancarte de la presencia del Señor, y después, en muchos momentos del día, lo echas de menos. ¡Tanto barullo! ¡Con lo bien que se está rezando!

    Si, en ese momento en que tanto te cuesta retirarte de su presencia, abrieras el corazón, le escucharías decirte: «¿Por qué te vas? ¡Quédate conmigo!» Permaneced en mi amor.

    «¿Cómo, Señor? -dirías- ¿Acaso quieres que pase el día ante el sagrario, y no vaya a trabajar ni atienda a mi familia?». «No -te contestaría-. Basta con que, al salir de aquí, no vivas como si Yo no existiera». Si guardáis mis mandamientos, permaneceréis en mi amor. «Me das unos minutos de tu tiempo cada mañana. Pero Yo quisiera que me dieras la vida. Convierte tu vida en una prolongación de tu oración, y no tendremos que separarnos».

(TP05J)