Libros de José-Fernando Rey Ballesteros

29 Abril, 2014 – Espiritualidad digital

¡Benditas llagas!

llagas    La Iglesia contempla en Pascua las llagas de Jesús como ventanas abiertas a la eternidad. A través de esas llagas, mostradas a Tomás e impresas en el cuerpo de santa Catalina, el hombre se adentra en Cristo. Y, también a través de ellas, se derrama sobre el mundo la luz celeste.

     Para quienes sueñan con el Dios que resuelve problemas, son escándalo. Hubieran preferido no verlas en la Cruz, y tienen por intolerable que se exhiban en el cuerpo glorioso del Resucitado. Querrían un Cristo sin llagas, que hubiese conseguido una Humanidad sin llagas. Suyas son las palabras del «mal ladrón»: ¡Sálvate a ti y a nosotros! (Lc 23, 39).

    Pero Dios no se encarnó para resolver problemas, sino para alumbrar misterios. Tras la resurrección de Cristo, el hombre continúa llagado. Y sus llagas son ahora las de Cristo glorioso. Él las tomó sobre su cuerpo, las bañó en Amor, y las llevó al Cielo. El yugo y la carga que pesan sobre cada hombre son hoy dulces, porque convierten al alma del cristiano en «cónyuge» de Cristo. Mi yugo es suave y mi carga ligera. He ahí la gran conmoción pascual de la existencia del hombre sobre la Tierra.

(2904)