“Evangelio

29 Marzo, 2014 – Espiritualidad digital

Virtuosos que no son santos, y pecadores que van camino

virtudes    Dios me libre de renunciar al ideal de la virtud. No tengo la menor duda de que la santidad, tarde o temprano, produce en el hombre frutos de generosidad, humildad, castidad, diligencia, y todas las demás virtudes que hacen a un alma preciosa ante Dios y ejemplar ante los hombres.

    Sin embargo, confundir la santidad con un conjunto de virtudes me parece un terrible error. Conozco a personas virtuosas que se encuentran lejísimos de la verdadera santidad: No soy como los demás, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. Virtudes tenía el fariseo. Pero santo, lo que se dice santo… Se parecía tanto a un santo como la señorita Rotemmeyer.

    ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. Conozco a personas que llevan años tratando de vencer al pecado mortal sin conseguirlo. Los veo luchar, recojo sus lágrimas tras las caídas, contemplo cómo recomienzan una y otra vez. Sé que hay en sus corazones verdadero amor a Jesucristo; un amor atormentado y castigado por la debilidad humana… Pero yo, que no soy nadie, los canonizaría.

    Y es que, por encima de todo, la santidad no es virtud, sino amor.

(TC03S)

“Cristo