Liber Gomorrhianus

23 Marzo, 2014 – Espiritualidad digital

Una mujer, un pozo y un mendigo

samaritana    Hay quienes sueñan un apostolado al que yo mejor llamaría soberbia. Se acercan al hermano y lo miran desde arriba, como diciendo: «¡Pobre infeliz! Menos mal que te has topado conmigo. Anda, ven, que yo tengo todas las respuestas a tus preguntas». La gente huye de ellos, y entonces ellos dan el plantón por amortizado pensando que también de los santos huía la gente. No sé si algún día entenderán que no huyen de ellos por santos, sino por idiotas.

    Dame de beber… Es Dios encarnado quien lo pide. Puesto que la mujer venía al pozo a sacar agua, bien podía Jesús haber hecho manar agua de la roca. La samaritana habría caído de rodillas, sobrecogida ante el poder de aquel hombre, y la conquista se hubiera sustanciado en un par de minutos.

    Dame de beber… Sin embargo, Jesús no la mira desde arriba, sino desde abajo. Le habla como un mendigo a sus pies… Y la mujer resulta conquistada por la debilidad, más que por el poder de Dios.

    Si el propio Dios hecho hombre se postra a los pies del pecador… ¿Por qué siguen tantos creyendo que pueden dar vida eterna como quien echa alpiste a las gallinas?

(TCA03)