Liber Gomorrhianus

19 Marzo, 2014 – Espiritualidad digital

San José, el hombre justo

San José    Aquí, en España, leemos era justo y pensamos en el juez Garzón, en Pedraz, en Ruz o en Alaya. ¡Pobres de nosotros! Pero cuando la Biblia dice de alguien lo que dice de san José -que era justo– habría que arrodillarse. Porque la Biblia sabe bien que justo sólo es Dios. Y, por eso, sólo Él es capaz de hacer justicia, que no en vano nos invita la Escritura a no juzgar antes de tiempo (Cf. 1Co 4, 5).

    De dos formas, y en dos momentos, hace Dios justicia: al fin de los tiempos, cuando Cristo vuelva, juzgará a vivos y muertos, y separará a los unos de los otros, como el pastor separa las ovejas de los cabritos.
Pondrá las ovejas a su derecha, y los cabritos a su izquierda (Mt 25, 32-33). Ese día, su justicia será inapelable.

    Pero, hasta entonces, Dios hace justicia haciendo justos. Entra en las almas obedientes, y las transforma según su Corazón. El justo es aquél que se deja modelar por Dios. José era justo -y, por tanto, santo- porque, sencillamente, se dejó hacer, como la arcilla se deja hacer por el alfarero. Nadie se hace santo a sí mismo. Dios santifica al obediente.

(1903)

“Cristo