“Evangelio

12 Marzo, 2014 – Espiritualidad digital

Dios, y el tal Jonás

Jonás    El problema, con Jonás, era que te tenías que fiar de él: un tipo esmirriado, bajito, cobarde y agorero que te profetizaba el apocalipsis en días 40. Podían haberlo sacado de Nínive a palos si hubiesen querido. Pero nadie le dijo, ni tan siquiera: «¡Demuéstramelo!» Aquellos hombres pervertidos, sin recibir ni un signo ni un razonamiento, se fiaron de él y se lanzaron a la penitencia con las mismas ansias con que hasta entonces se habían lanzado al pecado. ¿Por qué? Porque entendieron que a Jonás lo enviaba Dios. No necesitaron más. Se fiaron, y se salvaron.

    Esta generación es una generación perversa. Pide un signo, pero no se le dará más signo que el signo de Jonás. Los «santos», los «buenos», los elegidos de Dios reciben -deferencia del Señor con su pueblo-, no a un chiquilicuatre bajito y mequetrefe, sino al propio Hijo de Dios encarnado que los llama a la conversión. Y, en lugar de fiarse, le piden explicaciones y le exigen un signo que los convenza… ¡Qué paradoja! Jerusalén sufrió el castigo del que Nínive se libró, y fue destruida. Por no fiarse.

    Tú tienes a la Iglesia, y, a tu lado, al confesor… Anda, fíate. Obedece.

(TC01X)

“Cristo