“Evangelio

Marzo 2014 – Espiritualidad digital

El funcionario que creyó dos veces

fe    Cuando Jesús dijo al funcionario (¡Qué traducción tan espantosa!) que su hijo estaba curado, el hombre creyó en la palabra de Jesús. Aquí, creyó significa que se fió de lo que Jesús decía, que lo dio por cierto.

    Y cuando el probo funcionario comprobó que, efectivamente, su hijo había recobrado la salud a la misma hora en que Jesús se lo había anunciado, creyó él con toda su familia. Aquí, sin embargo, creyó significa que los ojos de su alma se abrieron, y con ellos, tanto él como su familia, vieron en Cristo al Hijo de Dios. Tampoco a los familiares se les ahorró el primer paso: primero creyeron lo que decía el funcionario, es decir, que Jesús le había dicho que el pequeño estaba sano. Y, después, recibieron el don de la fe sobrenatural: vieron a Dios entre los hombres en la persona de Jesús.

    Cuando alguien te diga: «me gustaría creer, pero la fe es un don y yo no lo he recibido», respóndele que, para recibir ese don, primero hay que fiarse. Dile que haga como el funcionario y su familia: que se fíe de la Iglesia, portadora de la voz de Dios. Después vendrá la fe.

(TC04L)

El reventador de tertulias

ciego    Si me permitís un consejo, nunca perdáis el tiempo discutiendo sobre religión. Tal como se discute hoy día, todo queda en una confrontación de ideas en la que nadie escucha al otro y en la que todos los «discutientes» no tienen sino un único objetivo: salirse con la suya. Además, os enfadáis y acabáis pecando. ¡Menuda gracia!

    Personalmente, me gustan los «reventadores de tertulias». Y el ciego de nacimiento es uno de ellos. Es de esas personas que no saben nada de ideas, y, por tanto, no pretenden discutir. Simplemente, te atizan con la realidad como si te dieran con un mazo y te tapan la boca.

    Sólo sé que yo era ciego, y ahora veo. Punto. Discusión terminada. ¿Qué puedes responder a eso? No hay idea, ni argumento, ni sofisma capaz de hacer que lo que no es sea. Por mucho que le digas a este hombre, no va a volver a ser ciego. Y, por mucho que argumentes, no podrás cambiar su pasado de tinieblas.

    ¡Ah, ya sé! El problema es que a gran parte de los cristianos no les ha sucedido absolutamente nada con Jesucristo. No se han acercado lo suficiente a Él. Por eso discuten. ¡Pobres!

(TCA04)

Virtuosos que no son santos, y pecadores que van camino

virtudes    Dios me libre de renunciar al ideal de la virtud. No tengo la menor duda de que la santidad, tarde o temprano, produce en el hombre frutos de generosidad, humildad, castidad, diligencia, y todas las demás virtudes que hacen a un alma preciosa ante Dios y ejemplar ante los hombres.

    Sin embargo, confundir la santidad con un conjunto de virtudes me parece un terrible error. Conozco a personas virtuosas que se encuentran lejísimos de la verdadera santidad: No soy como los demás, ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo. Virtudes tenía el fariseo. Pero santo, lo que se dice santo… Se parecía tanto a un santo como la señorita Rotemmeyer.

    ¡Oh, Dios!, ten compasión de este pecador. Conozco a personas que llevan años tratando de vencer al pecado mortal sin conseguirlo. Los veo luchar, recojo sus lágrimas tras las caídas, contemplo cómo recomienzan una y otra vez. Sé que hay en sus corazones verdadero amor a Jesucristo; un amor atormentado y castigado por la debilidad humana… Pero yo, que no soy nadie, los canonizaría.

    Y es que, por encima de todo, la santidad no es virtud, sino amor.

(TC03S)

“Cristo

Inquietudes de un joven de 17 años

joven-orando    Tiene 17 años, y me ha dicho que está cansado. Ante mi extrañeza, me ha explicado que le cansan las cosas, los artefactos electrónicos, los estudios y las expectativas creadas en torno a él. Piensa que sólo descansará cuando haya encontrado el amor. Y yo, que no escucho frecuentemente palabras como ésas en jóvenes de su edad, le he llevado al sagrario y he puesto en su mano unos evangelios.

    Allí le he dejado, y me he marchado pensativo y agradecido. Comprendo bien su cansancio, porque este mundo es muy cansino y sólo el Amor de Dios sosiega el alma.

    Muchos piensan en el Cielo como en un lugar maravilloso lleno de cosas y personas maravillosas. Pero no se dan cuenta de que los lugares cansan, porque hay que recorrerlos. Y el Reino de Dios es descanso. El joven de quien hablo ya sabe más que ellos.

    -Amar a Dios con todo el corazón, con todo el entendimiento y con todo el ser, y amar al prójimo como a uno mismo vale más que todos los holocaustos… -No estás lejos del Reino de Dios. El Cielo es el Amor. Y quien lo encuentra no necesita esperar a morir para gozarlo.

(TC03V)

“Cristo

La falsa religión y su ídolo secreto

falsa religión    Presumo que la mayoría de quienes leéis estas líneas sois creyentes, rezáis, y procuráis frecuentar los sacramentos. Por eso no os advertiré contra los peligros del ateísmo ni os pediré que dejéis de arrojar piedras contra la Iglesia. Prefiero advertiros contra la falsa religión. No todo el que reza y frecuenta los sacramentos es cristiano.

    Si echa los demonios es por arte de Belzebú, el príncipe de los demonios. Estas palabras no las pronunciaron ateos ni «comecuras», sino personas que oraban siete veces al día, ayunaban y daban en limosna el diezmo de cuanto tenían. Podría pensarse que serían los primeros en reconocer al Mesías, ya que se suponía que estaban cerca de Dios. ¿Por qué, entonces, cuando el Mesías llegó, prefirieron tomarlo por un demonio?

    Porque, de haberlo reconocido como Dios, hubieran tenido que negar lo que secretamente creían: que Dios eran ellos. Rezaban, ayunaban y daban limosna, pero todo según su voluntad. Tenían perfecto control sobre su religión, y sólo Dios puede ostentar ese control. Ellos eran Dios, y a sí mismos se rezaban. Haber reconocido a Jesús como Mesías hubiera supuesto arrodillarse, caer por tierra y entregar cuanto tenían… Demasiado para quien no está dispuesto a obedecer.

(TC03J)

“Cristo

Es la obediencia la que libera al hombre

tablas-de-la-ley    Hoy queda bien decir «autonomía». El hombre que es autónomo se tiene por maduro, y la sociedad que es autónoma es tenida por adulta. El motivo, más que en el concepto, está en su contrario: si no eres autónomo, eres esclavo. La sociedad que no es autónoma está sometida y tiranizada. Es una cárcel hecha con palabras; nada más.

    Ser «autónomo» significa ser ley para uno mismo. Uno entiende que ha llegado a ser como Dios, conocedor del bien y del mal, y que no necesita que nadie le indique el camino al Cielo, porque ya lo sabe todo. Toda la soberbia del Demonio está encerrada en quien pide que lo dejen en paz y le permitan ser autónomo.

    Lo contrario de autónomo no es, necesariamente, esclavo. También se puede ser humilde y obediente. Si conozco mis límites, si soy consciente de mi pobreza frente a la grandeza de Dios, si he gustado su Amor y sé que Él es mi Padre, abriré el oído, escucharé su voz, y le obedeceré a Él para salvarme.

    Tú, Señor, no has venido a abolir la Ley y los profetas. Y yo quiero ser obediente y seguirte a Ti, que eres el Camino.

(TC03X)

“Cristo

El romance más hermoso que jamás vieron los siglos

anunciacion    ¡Qué extraña manía, la que tiene Dios de arrodillarse! Él, ante quien toda criatura debería postrarse y toda rodilla debería doblarse, va y se enamora del hombre, se le derrite el corazón como cera en las entrañas, y cae de hinojos sobre una tierra que, endurecida por el pecado, ni siquiera tembló.

    La redención del género humano toma inicio en un romance, en el romance más hermoso que jamás vieron los siglos. En el seno de Ana se forma una criatura inmaculada, la más perfecta de entre las que salieron de las manos de Dios. Y el propio Dios, embelesado ante tamaña belleza, se rinde a su hermosura y enloquece enamorado. Para no quebrar su recato al deslumbrarla, y como preso de divina vergüenza, le pide a un arcángel que se postre a sus pies y le transmita la embajada: Has hallado gracia a los ojos de Dios. Es decir, Dios se ha enamorado de ti, María, bendita entre las mujeres. ¿Quieres ser la madre de su Hijo?

    Y María, que era virgen por enamorada, enrojece pudorosa al ver a un Dios perdidito por ella. Entiende el protocolo, y cae también arrodillada: Aquí está la esclava del Señor.

    Estamos salvados.

(2503)

“Cristo

Ingratitud

Ingratitud    Dicen que a Miguel de Unamuno le comentaron que cierto personaje célebre le profesaba un profundo odio. D. Miguel contestó: «¡Qué extraño! No creo haberle hecho ningún favor a ese señor».

    Más cerca, un sacerdote amigo mío se desahogaba conmigo: «A esta persona le he encontrado trabajo, le he prestado dinero, he encontrado trabajo a su cónyuge y he conseguido que admitan a sus hijos en un colegio religioso. Se me ha ocurrido pedirle un favor personal, y el “no” que he recibido se me ha clavado como un cuchillo. Todavía, después de aquello, me sigue reprochando que no hago bastante por su familia»…

    Os aseguro que ningún profeta es bien mirado en su tierra. ¿Por qué se llevan lo peor de nosotros aquéllos que más nos dan? ¿Qué ponzoña hay en el corazón humano que lo hace ser tan ingrato y tan frío con quienes más le quieren? ¿Por qué son tantos -¡Tantísimos!- quienes piden mucho y no dan nada? ¿Por qué a un Dios amante que se encarnó para librarnos de la muerte le hemos pagado con muerte y desprecio, aunque luego no dudamos en acudir a confesar para que nos siga entregando su perdón?

    Examen de conciencia.

(TC03L)

“Cristo

Una mujer, un pozo y un mendigo

samaritana    Hay quienes sueñan un apostolado al que yo mejor llamaría soberbia. Se acercan al hermano y lo miran desde arriba, como diciendo: «¡Pobre infeliz! Menos mal que te has topado conmigo. Anda, ven, que yo tengo todas las respuestas a tus preguntas». La gente huye de ellos, y entonces ellos dan el plantón por amortizado pensando que también de los santos huía la gente. No sé si algún día entenderán que no huyen de ellos por santos, sino por idiotas.

    Dame de beber… Es Dios encarnado quien lo pide. Puesto que la mujer venía al pozo a sacar agua, bien podía Jesús haber hecho manar agua de la roca. La samaritana habría caído de rodillas, sobrecogida ante el poder de aquel hombre, y la conquista se hubiera sustanciado en un par de minutos.

    Dame de beber… Sin embargo, Jesús no la mira desde arriba, sino desde abajo. Le habla como un mendigo a sus pies… Y la mujer resulta conquistada por la debilidad, más que por el poder de Dios.

    Si el propio Dios hecho hombre se postra a los pies del pecador… ¿Por qué siguen tantos creyendo que pueden dar vida eterna como quien echa alpiste a las gallinas?

(TCA03)

¿Qué hace falta para poder confesarse?

hijo pródigo    Nos enseñaron, de pequeños, las cinco condiciones necesarias para acudir al sacramento del Perdón: «examen de conciencia, dolor de los pecados, propósito de la enmienda, decir los pecados al confesor y cumplir la penitencia». Las cinco son verdaderas y necesarias. Pero quien exija que se cumplan a la perfección no ha entendido nada; ha olvidado que el sacramento es para pecadores, no para santos. Y -peor aún- ha echado en olvido la misericordia de Dios. No tiene sentido exigir al pecador que sea santo antes de confesarse. Con la ayuda de la gracia, podrá serlo después. Antes no es más que un pobre hombre herido por el pecado.

    Poco le exigió el padre al hijo pródigo. Le bastó con que volviese a casa y dijera -con un discurso medido e interesado- que había pecado. Y aquel padre se le echó al cuello y se puso a besarlo.

    Por tanto, y sin negar las cinco condiciones que aprendí de pequeño, si hoy alguien me pregunta qué hace falta para poder confesarse, le digo: «Tener pecados y saberlo. Lo demás déjaselo al confesor». Y os aseguro que me quedo muy tranquilo. He visto de lo que es capaz la misericordia de Dios.

(TC02S)

“Cristo