“Evangelio

16 Febrero, 2014 – Espiritualidad digital

Lo que ganas con las ganas de sonreír sin ganas

sonrisa    Se cuenta de dos mujeres que coincidieron en una fiesta: «-¡Cuánto me alegro de verla, señora! -Siento no poder decir lo mismo. -Pues haga lo que yo… ¡Mienta!». Digamos que es una forma protocolaria y cínica de tratar bien a quien se odia. Pero no estoy seguro de que sea la más evangélica.

    Todo el que esté peleado con su hermano será procesado… ¿Quién se librará de estas palabras? Todos tenemos a alguien que nos cae mal, alguien que nos ha hecho daño, alguien a quien nos cuesta trabajo tratar con simpatía. ¿Seremos capaces de sonreírle y tratarle bien sin necesidad de recurrir a los ardides de la mujer del chiste?

    No hay excusa. Con la gracia de Dios, podemos hacerlo. Y es que un sentimiento personal de repulsión no puede contener el poder imparable de la sonrisa de un cristiano que ama desde el Corazón de Cristo. Para amar así, es preciso clavar nuestro pequeño corazón en la Cruz, y entregar nuestro rostro al Corazón amante del Salvador. «Señor, ¿qué importa cómo me caiga a mí? Tú le amas… Toma mis labios y hazlos mensajeros de tu sonrisa». Y, después de esta oración… ¡Sonría a gusto, no se prive!

(TOA06)