Evangelio 2018

11 febrero, 2014 – Espiritualidad digital

Labios de fuego

labios    Hay labios de plomo: son aquéllos que profieren palabra tras palabra, sin apenas detenerse a tomar aire, y provocan una sensación plomiza en quien escucha, acompañada de un fuerte dolor de cabeza. Hay labios de serpiente, que mienten más de lo que hablan y, como el antiguo enemigo, envuelven en sus falacias a quien encuentran. Hay labios de cicuta, que no saben hablar sin herir, calumniar o difamar.

    Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. Son labios de piedra, fríos como rocas en invierno, que recitan oraciones como quien lanza piedras a un estanque. No hay vida en ellos, porque, en lugar de rezar, ejecutan las plegarias.

    Y hay labios de fuego. Son los de aquéllos que llevan el corazón en los labios. Cuando besan, derriten glaciares. Cuando hablan, incendian en amor. Cuando rezan, aunque sea en voz baja, su oración, como incienso humeante, atraviesa los cielos y alcanza el mismo corazón de Dios.

    Tú, cuando vayas a rezar, enciende primero el corazón. Procura, por ejemplo, llegar a misa antes de que empiece, y «precalienta» el horno. Así rezarás fuego, y, cuando comulgues, el Señor encontrará en ti un hogar cálido donde habitar.

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